Ara Pacis

Introducción

Uno de los monumentos mejor conservados de Roma es sin lugar a dudas el Ara Pacis Augustae. Junto al Tíber y en el interior de una moderna arquitectura que se integra magnificamente con el tesoro que custodia, se localiza la esencia misma del gobierno de uno de los mejores políticos y estrategas que dio el imperio romano, Augusto, sintetizando en sí mismo la belleza del clasicismo más excepcional. 

El Ara Pacis fue la culminación en mármol de un deseo romano, la paz territorial, asímismo sirvió para ensalzar la persona de Augusto como padre de la Patria y como pacificador del que ya empezaba a ser el más grande de los imperios conocidos. Pero este altar, había quedado sepultado durante 1000 años bajo los lodos del Tiber tras crecidas sucesivas, y no fue hasta el sXV durante la reconstrucción de un palacio cuando se hallaron bajo éste los primeros restos.

Aun así el Ara Pacis permaneció bajo tierra durante 5 siglos más, momento en que el aparato propagandístico de Mussolini decide proceder a su extracción y reconstrucción para ensalzamiento de las bondades romanas y para mostrarlo públicamente coincidiendo con en el bimilenario del nacimiento de Augusto.

Las tareas fueron extremadamente costosas en medios y personal, así como una innovación en la época (primera mitad del s.XX) en el sistema de extracción de los restos aqrueológicos. Para ello debieron apuntalar los edificios que se situaban sobre el altar a través de un complejo sistema hidráulico así como la congelación de los cimientos y diversas estructuras que permitieran a los obreros y equipo de arqueólogos ir rescatando las piezas. Una vez en el exterior se intentaron localizar parte de los frisos que habían sido adquiridos por diferentes museos para completar la estructura. Únicamente el podio original permanece bajo tierra, el resto apareció ante el mundo para ser admirado como ejemplo de la mejor época del pasado romano.

 

Qué es el Ara Pacis

 

Cuando Augusto retornó triunfante a Roma, tras la pacificación y reestructuración de las provincias Galas e Hispanas, consensuó con el senado la construcción de un altar consagrado a la Paz y así lo reflejó en sus Res Gestae, en ellas Augusto dijo:

 

"Cuando regresé a Roma de la Galia y de Hispania, bajo el consulado de Tiberio Nerón y Publio Quintilio, felizmente concluidas las empresas en aquellas provincias, el senado decretó que había que consagrar un altar a la paz augustea en el Campo Marcio y ordenó que en ella los magistrados, los sacerdotes y las vírgenes vestales celebraran cada año un sacrificio".

 

Así pues y con los botines recogidos de sus victorias y con las arcas del Estado llenas, se construyó un altar en mármol blanco y de forma rectangular, inagurándose el 30 de Enero del 9 a.C. La ubicación respondía más a una necesidad espacial que a un lugar en sí, en un primer momento se había pensado en colocarlo en la misma curia situada en el Foro, pero Roma estaba sufriendo un inmenso cambio urbanístico propiciado por el embellecimiento de la ciudad, siendo rehabilitados espacios que hasta aquél momento habían sido terrenos pantanosos y de uso militar y deportivo. 

El Campo de Marte, un espacio inmenso, era la zona tras las murallas Servianas donde se apostaban las legiones cuando descansaban antes de la celebración de los triunfos y donde se acostumbraban a celebrar espectáculos deportivos o festividades como Las Equirrias o los Equus de Octubre, ahora mismo ocuparía espacios entre el Panteón de Agripa, el Teatro de Marcelo, el Mausoleo de Augusto, o el Circo de Domiciano entre otros.

 


Campo de Marte a finales del Alto imperio (Ara pacis remarcada)

 

Bien, el altar se dispuso en un terreno a una distancia prudencial del reloj solar que Augusto había mandado construir un año antes, para ello había hecho una plataforma de mármol en el suelo, con un obelisco de granito rojo traído de Heliópolis (Egipto) que con su sombra, marcaba el mes y día del calendario romano. Recientemente se ha descubierto que el Ara Pacis quedaba marcado con la sombra del obelisco el día del nacimiento de Augusto, acontecimiento astronómico que se perdió tras colocar el obelisco en la plaza Montecitorio. 

 

El ara Pacis: Relieves y detalles

 

Tal y como hemos comentado el Ara Pacis independientemente de su uso religioso, era una también una muestra del nuevo poder romano y un instrumento de propaganda de Augusto. La única manera de hacerlo era utilizando las mejores materias (mármol de Carrara) y colocando frisos con imágenes que ensalzaran el pasado y el futuro de Roma. 

El altar de 11,65 x 10,62 x 4,60 m, de forma rectangular sobre un podio, disponía de dos accesos abiertos en sus lados más cortos, una de entrada a los representantes religiosos que oficiarían las ceremonias precedida de una escalinata con doble nivel, y otra opuesta que permitía la entrada a los animales. 

El suelo estaba levemente inclinado para propiciar la evacuación de la sangre de los animales y el agua para su posterior limpieza, conduciéndose posteriormente los desechos por unos pequeños canales que discurrían por el exterior.

Todo el perímetro del altar estaba decorado con frisos con diferentes representaciones iconográficas, en la puerta principal se cinceló una escena de los gemelos Rómulo y Remo amamantados por la loba, y un episodio de Eneas como fundador del Lacio.

En la entrada para ganado de sacrificio, se dispuso dos cuadraturas, una con las imágenes de la Diosa Tellus, como protectora y madre, acompañada de divinidades protectoras del aire y del agua, de ahí el cisne y la bestia marina, mientras que en el otro cuarterón, se adivina, porque apenas se conserva, otra divinidad armada que podría ser Roma. 

Las zonas largas sin entrada correspondiente a los laterales del altar, están recubiertas por un friso continuo superior que representa la procesión de Augusto y la familia imperial, sacerdotes, magistrados, senadores, y el pueblo de Roma, con animales para el sacrificio. En la parte inferior se decora con un relieve natural con hojas y flores de acanto en disposición circular para proporcionar un sentido menos anguloso. Separando ambos frisos una cenefa helenística nos recuerda la influencia clásica griega en esta construcción (muy parecida a los frisos de Fidias en el Partenón).

 

Las paredes interiores estan finamente decoradas con frisos de guirnaldas de gran realismo coronadas por bucraneos (craneos de buey con ornamentación en la cornamenta) que nos recuerda el propósito de la estructura, un relieve intermedio y unas columnas con capitel corintio separan los diferentes cuadrantes, rematados en la parte inferior por anchas estrías verticales. El altar sobre una plataforma escalonada, dispone de dos paredes lisas laterales rematadas con figuras de leones alados y hojas de acanto y flores contorneadas con elegancia y distinción.

Una de las características menos conocidas del Ara Pacis es que su apariencia jamás fue blanca, ya que de la misma forma que los frisos del Partenón, la estructura estaba completamente policromada (varios colores), entre los que resaltaban los verdes, los ocres, rojos y azules, dotándolo de un aspecto mucho más vivo y resaltando los magníficos relieves.

 

Conclusión

No debéis dejar de visitar el Ara Pacis, no es barato, pero vale la pena, el museo dispone de información valiosa en la que podréis entender el contexto y la ubicación, este último aspecto francamente importante si tenemos en cuenta el juego de luces y sombras en la proyección del obelisco.

Con el Ara Pacis empezó una nueva época en la que como dijo Augusto, Roma pasó de ser una ciudad de ladrillo a una de mármol, y sentó los precedentes de lo que posteriormente se erigirían como los monumentos más importantes del imperio Romano.

 

Mireia Gallego

Febrero 2016