Vasija de Portland

©Trustees of the British Museum
 

Introducción

Os podéis imaginar lo que es visitar el Museo Británico para alguien que ama lo clásico como yo, ciertamente no sabía donde debía mirar, todo era fascinante, todo era importante, todo era necesario contemplar con detenimiento. Así, paseando por sus concurridos pasillos me detenía ante aquéllo que me llamaba profundamente la atención, que era casi todo, pero recuerdo que se me fueron literalmente los ojos hacia una vasija que lucía solitaria protegida entre cristales que la dejaban admirar por todo su contorno. Su nombre, la Vasija de Portland.

Como muchas de las grandes obras expuestas, fueron adquiridas para su custodio, por el Museo Británico a principios del s.XIX a los grandes coleccionistas, gente de la nobleza o acaudalados hombres de negocios. En este caso la vasija había pasado por un periplo de propietarios originalmente italianos como lo fue el Cardenal Francesco Maria del Monte, quién había sido mecenas de Caravaggio, y que tras su muerte adquirió la familia Barberini que permaneció en su colección particular cerca de 200 años, pasado ese tiempo fue adquirido por un noble inglés y finalmente por el tercer duque de Portland y primer Ministro, motivo por el cual recibió su nombre. Tras llegar un acuerdo con el Museo Británico, fue adquirida por éstos a mediados del s.XX y restaurada en su totalidad, ya que en el s.XIX había quedado hecha pedazos por culpa de William Lloyd, aunque no fue la única vez que sufrió una rotura.

 

Datación y materiales

Aquí hay grandes dificultades, hubo una corriente encabezada por el Doctor Jerome Eisenberg que afirmaba que esta pieza era una reproducción del s.XVI, pero lo cierto es que lo más ampliamente extendido es que nos hallamos ante una magnífica obra romana del s.I. Se cree que esta pieza decoraba el lugar de enterramiento del emperador Alejandro Severo, que pereció a manos de sus soldados con escasos 26 años. Sea como fuere, el gran problema era pensar que la técnica empleada en su fabricación no era tan conocida ni se usaban los mismos materiales en el aspecto del Camafeo, hasta ese momento los camafeos estaban hechos de piedras semipreciosas o preciosas como las ágatas y los ónices que se tallaban exquisitamente dando forma, pero el Vaso de Portland estaba confeccionado con dos tipos de vidrio uno de color azul intenso casi negro y otro sobrepuesto en blanco que al proceder al soplado quedaban unidos. Tras ello, las manos del artesano procedían a tallar y rebajar el vidrio claro creando diferentes efectos de relieve en un proceso extremadamente complejo por la delicadeza del material.

 

Qué nos explica

La delicadeza es absoluta, en la vasija se nos relata un pasaje con aires míticos donde se entremezcla la realidad histórica con los aspectos divinos. Aunque no hay una seguridad completa de que ésta sea la secuencia, es la versión mayormente aceptada.

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En esta primera secuencia de la historia nos hallamos ante la imagen de un hombre desnudo portando una fina tela en su mano izquierda que deja caer sobre la base de una columna, su otra mano extendida está entrelazada con la de una mujer que sentada en el suelo porta un dragón, la escena se completa con la efigie de Cupido sobrevolando a la mujer mientras el dios Neptuno los contempla con interés. 

Debido a que es difícil asignarle un parecido al primer hombre a través de ropajes o elementos característicos, se ha asegurado que con mucha probabilidad el autor nos está relatando los orígenes míticos del emperador Augusto, siendo la mujer su madre Atia. Era común otorgar orígenes divinos a los emperadores para ofrecerles mayor autoridad, así la leyenda explicada por Suetonio nos relata como antes del nacimiento de Augusto, Atia fue al Templo de Apolo con una lectica (silla) y que mientras las demás mujeres dormían sintió como un dragón la poseía, tras lo cual vio en sueños como sus entrañas la alzaban a ella al cielo y cubría todas las partes de la tierra. El hecho que quién observe sea el Dios Neptuno, se relaciona directamente con los éxitos de Octavio durante la batalla de Actium, pues son sus favores los que solicita para conseguir la victoria en la batalla naval.

 

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La segunda secuencia está de alguna manera relacionada con la primera, aunque si bien es un ensalzamiento de los orígenes divinos de Octavio, posterior Augusto, la segunda nos muestra los orígenes míticos de Roma. La secuencia se repite en los elementos, así puede verse un hombre, una mujer recostada y un Dios, mientras el primer templo está completo con arquitrabe, el segundo sólo dispone de una columna en pie mentras las figuras están sobre piedras caídas o en ruinas. La primera figura masculina sería Paris, hijo de Príamo Rey de Troya, que al igual que Octavio mira a su madre Hécuba, que porta una antorcha, leyenda en la que se explica como la madre de Paris soñó antes de la concepción de su hijo como paría una antorcha ques destruiría la ciudad. Seguidamente, la figura que observa esta vez es la de Venus, la Diosa que ofreció a Paris a la humana más hermosa de la Tierra y que originó el episodio de la Guerra de Troya. Mientras Atia coge de la mano a su hijo mirándolo, Hécuba gira la suya lejos de la atenta mirada de su hijo, mientras Atia tiene su dragón ascendente, Hécuba porta su antorcha hacia el suelo.

Aquí podeís ver la escena al completo.

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Es decir, la vasija es propaganda sobre los orígenes del emperador Augusto y los de Roma siguiendo la linea de los escritos de la Eneida de Virgilio.

La composición es de una belleza excepcional, y aunque el vidrio es de un color oscuro, en su contacto con la luz se torna de un tono azul intenso y brillante que permite observar con detalle la increíble mano del tallador, las transparencias ofrecen relieve y este a su vez movimiento, dando relevancia a aquéllo que realmente es importante.

La factura es perfecta y el efecto es sobrecogedor.

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Conclusión

Creedme cuando digo que contemplarla es un espectáculo y que llama poderosamente la atención de toda la sala, esta pieza única demuestra que en Roma hubieron grandes artesanos del vidrio al servicio de la propaganda imperial y que demostraron unas habilidades excepcionales para el trabajo más complejo del mundo, el de hacer historia con sus manos.

 

Mireia Gallego 

Diciembre 2016