Discóbolo de Mirón

Introducción

Existe un selecto grupo de obras de arte que en cuanto las nombras son inmediatamente identificadas, podemos hablar de la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, el David de Miguel Ángel o el pensador de Rodin entre muchas otras que representan en sí mismas todo un estilo escultórico o incluso una época histórica. Son por así decirlo, las obras que bien por su destreza artística o por su estilo escenifican un periodo determinado.

El Discóbolo de Mirón, es una de estas obras, lo que más me apasiona de ella es que no se conserva la original y que aun así nos maravillamos con las copias romanas, es uno de esos mitos que permanecen en nuestra memoria envueltos en misterio y seducción.

Al igual que el Quijote de Cervantes establece un punto de inflexión y cambio en cuanto a la temática literaria y su tratamiento, esta obra de obras a la que pertenece el Discóbolo establece una innovación en la concepción del tratamiento del movimiento. Quizás muchas personas cuestionen la calidad artística del Discóbolo frente a otras esculturas helenísticas pero lo cierto es que ésta, definirá los parámetros que se iniciarán en el periodo clásico griego. Vamos a conocerla...

 

Contexto

 
©Trustees of the British Museum
 

Mirón de Eléuteras (Norte del Ática) fue un escultor del s.V a.C., aunque contemporaneo a Fidias, Mirón era algo más mayor, se cree que su maestro fue Agéladas de Argos según referencias del propio Plinio, afianzado por la tesis de que ambos se especializaron en la representación de atletas de diferentes estilos, y de composiciones de una gran dificultad escultórica.

No se sabe demasiado sobre la biografía personal de Mirón, aunque ello no supone ningún problema, de hecho el escultor ya era famoso en su época y lo sigue siendo en la medida que su nombre está intrínsecamente unido al de su obra. Entonces, si no se conserva el original, por qué es tan importante el Discóbolo?

Bien, hasta aquel momento las obras esculpidas en bronce o mármol seguían una corriente generalizada en la que predominaba una nula expresión de la cara y una actitud regia, sin movimiento aparente y carente de emoción. 

Los kurois y las korais eran figuras masculinas y femeninas respectivamente que recuerdan mucho a las colosales estatuas egipcias. Estas esculturas aunque perfectamente ejecutadas y de una excepcional belleza, se mostraban en posición firme en cuanto a rostro y torso, únicamente en algunos casos los brazos y las piernas sufrían una leve inclinación.

Mirón hizo un salto de una importancia decisiva, estableciendo los cimientos de la época clásica. Con los encargos de retratar a los ganadores de diferentes pruebas atléticas bien por méritos o por peticiones particulares, Mirón revolucionó la técnica poniendo movimiento real a cada músculo del cuerpo humano. La escultura se mostraba viva, parecía ser un fotograma capturado en un momento muy concreto, aquél que el artista quería reflejar con una precisión casi milimétrica. El discóbolo original fue confeccionado en bronce, aunque las copias romanas que se conservan parecen mostrar un equilibrio perfecto, el esculpido por Mirón jamás fue mejorado, digo esto porque el original soportaba un peso mayor sobre el pie flexionado sin apoyo aparente. Así como algunas copias debían ser reforzadas con apoyos añadidos para soportar la pieza, el auténtico discóbolo, sólo el de Mirón estaba en un equilibrio perfecto de pesos y ángulos, pudiendo resistir los quilos de metal a través de los débiles dedos del pie derecho, es decir una maravilla artística y matemática  proporcionada a unos niveles dificilmente igualables.

El atleta está en la posición previa del lanzamiento del disco, los músculos de su brazo derecho están extendidos en ángulo de 45 grados en relación a su espalda pero tensos por la fuerza, el brazo izquierdo está casi apoyado sobre su pierna derecha en estado de relajación, fácilmente visible en la escasez de tensión muscular. Sus abdominales y piernas muestran el contono muscular perfectamente delimitado y que facilita la comprensión del estado exacto del movimiento. El pie derecho se apoya totalmente en la base, el izquierdo muestra la flexión que le permitirá coger el impulso para lanzar el disco.  

El auténtico problema hubiera surgido si Mirón no hubiera hecho un cálculo perfecto de la disposición de los miembros, un leve fallo en la compensación de los pesos hubiera hecho caer la estatua especialmente hacia delante o lateralmente, para ello hizo uso de un ingenio excepcional colocando las extremidades de forma que quedaran equilibradas, es decir  el peso de las piernas se compensa con el peso de los muslos y brazo extendido, y éstos con la flexión de la parte superior del torso, cabeza y brazo.

Otro de los temas de los que más se ha hablado es la expresión facial, a pesar de que algunas de las copias romanas la representan con la mirada hacia el frente y abajo, la original estaba ladeada como en la primera imagen con la que he querido ilustrar el artículo.

No muestra un gesto ni de esfuerzo, ni de tensión, eso es debido a que se estaba estableciendo un nuevo modelo de arte escultórico y aunque el cuerpo si gozaba de movimiento en estado puro, la cara aun conservaba la inexpresión derivada de la tradición arcaica.

©Trustees of the British Museum
 
 

Conclusión

Mirón se sabe que realizó muchas genialidades como éstas debido a su especialización en captación de movimientos atéticos, esculpió a grandes deportistas de su época y a los grandes vencedores de las pruebas Olímpicas, nos queda sólo el recuerdo de su discóbolo repetido con más o menos acierto del mismo modo que compramos reproducciones de Templos y edificios en las tiendas de souvenirs, emperadores como Adriano, amantes consumados de lo Helénico, dejaron una leve muestra de lo que alguna vez pudieron admirar y quisieron gozar en sus palacios o estancias de ocio, pero el nivel de perfección de estos escultores de hace 2500 nos recuerdan que el talento del artista reside no sólo en sus manos o en su mente sino en lo más profundo del alma humana. 

 

Mireia Gallego

Diciembre 2015