Castro Chao Samartín Asturias

Introducción

 

Antes de nada, voy a explicar lo que es exactamente un castro, ya que al interesado en la arqueología el término castro puede inducirle a error.

De forma generalizada el castro hace referencia a una zona amurallada, ubicada preferiblemente en zonas altas o rocosas, con fosos de protección, que datan de la época prerromana. Sus construcciones son fácilmente identificables por varias cuestiones, la primera porque característicamente se construían sus casas de forma circular en barro o piedra según la localización y eran rematadas con techumbres de paja o cañizo, la segunda pista, está relacionada con la primera, y es que las calles no estaban diseñadas de forma angulosa como es típico del urbanismo romano, sino que zigzageaban de forma suntuosa por construcciones de ángulos redondeados.

 

 

Bien, en época romana, la palabra castrum designaba a los lugares habitados por los soldados romanos, de ahí proviene la etimología de nuestra palabra castrense en clara referencia al término militar. Algunos castros fueron los cimientos de futuras poblaciones romanas que crecieron demográficamente pasando a convertirse en pobladas urbes con el paso del tiempo.

En el caso que nos ocupa, el Castro de Chao Samartín, se inicia en la edad de Hierro s.IX - VII a.C, y aunque lo común era construir en barro en este caso era materialmente imposible. Ubicada en un lugar rocoso y alto de Grandas de Salime (Asturias), el poblado aunque seguro, debía proporcionar, casas resistentes a los embistes del tiempo asturiano, es decir húmedo, con precipitaciones abundantes y posibilidad de nieve en invierno, por tanto, la población optó por una construcción más resistente, utilizando así la pizarra. 

 

La ubicación

En ningún poblado sea íbero, celta o romano se construye aleatoriamente. De los recursos naturales de la zona dependerá en gran manera, la supervivencia de la población, por tanto la ubicación del castro viene determinada por varios factores, visibles a grandes rasgos en la imagen aerea:

-  La altitud: de carácter plenamente defensivo el castro se ubicaba en zonas altas para visualizar de forma panorámica las posibles amenazas y para dificultar el acceso del enemigo.

-  Recursos agrícolas: la zona debía ser próspera en tierras de cultivo para asegurar la subsistencia.

- Recursos acuíferos: Ríos, manantiales, o fuentes naturales de agua potable debían localizarse en los alrededores.

- Recursos económicos: En el caso de Asturias es fácilmente comprensible su estallido de poblaciones de aire castrense, debido a las minas de materiales nobles como el oro o la plata.

 

El castro de Chao Samartín por tanto fue un punto de vital importancia para los poblados prerromanos y sin duda también para los romanos vencedores de las guerras cántabras, esta fue la razón por la que el castro, fue habitado durante casi mil años y se sabe que únicamente un terremoto, posiblemente en el s.II, de grandes dimensiones acabó con la continuidad del mismo.

Aun así, este emblemático y magnífico ejemplo de construcción castrense prerromano, nos ofrece una nutrida información sobre el modo de vida de los asentamientos tanto en los estratos más antiguos como los de época imperial.

Una mala interpretación daría lugar a pensar que estos poblados agrícolas no disponían de una organización social ni constructiva, pero nada más lejos de la realidad ya que aunque se pueden apreciar cabañas circulares de un único habitáculo y de dimensiones reducidas, también es posible hallar recintos de mayor tamaño con estancias dedicadas al relax como saunas, o centros de reunión posiblemente de carácter administrativo. Por tanto funcionaban como un único bloque social en la que primaba la protección del castro y la explotación de los recursos naturales.

A lo largo de los siglos y de la necesidad de proteger el recinto, se fueron ampliando la altitud y anchura de las murallas así como la profundidad de los fosos, no obstante ya en época de pacificación romana, los nuevos habitantes dejaron de reforzar los elementos de defensa para centrarse en la reconstrucción de nuevas domus al más puro estilo romano. Es en ese momento cuando entra a escena la domus de diferentes estancias, con peristilos columnados, y paredes angulosas, manteniendo eso sí los materiales como la pizarra, piedra y mármol, todo ello acompañado de esquisitos murales decorados con figuras humanas y motivos naturales.

El hallazgo de las termas y de la necrópolis insinúa un orden social plenamente establecido y asimilado por las culturas prerromanas que se fusionaron de alguna manera con sus nuevos habitantes, entremezclándose ambas culturas por un fin común. 

Otros aspectos importantes del Castro son los elementos cotidianos hallados en el yacimiento, visitables en el Museo del mismo nombre, donde se nos muestra una sociedad desarrollada, económicamente fructífera. Vasos, carámicas, y elementos decorativos con un estilo exquisito completan una parte de lo localizado durante las excavaciones.

 

 

 

El Castro fue descubierto como en la gran mayoría de los casos por casualidad, a pesar de ello hubo un claro interés de los organismos locales y de los mismos habitantes de explotar las posibilidades del yacimiento y de protegerlo. Pero preservar un espacio al aire libre de estas dimensiones y con el desgaste de una climatología tan dura hizo optar a los arqueólogos por cubrir con pizarra los restos de sus edificios y aunque esté sujeto a críticas creo que la conservación del castro bien merece de decisiones en pro de su seguridad aunque estéticamente sea menos atractivo. 

Aun queda mucho por excavar, y por descubrir, si los organismos consiguen destinar partidas económicas para localizar nuevos restos, dispondremos de una doble satisfacción, la que ofrece el conocimiento de los poblados prerromanos y la convivencia con el imperio durante los siglos posteriores. Invertir en arqueología, es sin duda invertir en conocimiento.