Sobre Dioses y hombres

 

Introducción

En una época en que la ciencia no disponía de muchas de las respuestas, la religión logró ocupar esos vacíos, dando sentido a lo inexplicable, a aquéllo que la mente humana no podía asimilar.

Los Dioses del panteón romano y el Olimpo Griego se crearon por y para resolver dudas, para clamar ante la miseria y la muerte o para justificar la desgracia y la dicha. 

El destino, la fortuna o la victoria, no eran aspectos intangibles de la vida humana, eran seres divinos que dotaban de su gracia a los hombres, que tocaban a placer y gusto a quiénes estaban designados para ello y que ignoraban a los que no eran dignos de sus placeres.

La historia de los Dioses es la historia del mundo, es el resurgir del Caos. Los hombres antiguos no eran ajenos a lo que les envolvía así que, cómo dar explicación a los eclipses, a los ciclos astronómicos y lunares, a las estaciones, a los terremotos, o a algo tan simple como la lluvia? Todo estaba de alguna manera relacionado entre sí, enmarañado por mitos e historias increíbles sobre Titanes, Dioses, semidioses y hombres.

Lo más curioso de ambas religiones es el carácter humano al que dotaron a los dioses, dejando de lado los inicios de un mundo dominado por Titanes y Gigantes, los Dioses disponían de una figura humana y un carácter definido y singular para cada uno de ellos, eso permitía hacerlos vulnerables sin restarles poder y con ello procurar a cada Dios una legión de seguidores con los que sentirse identificados.

 

Los orígenes

Los orígenes deben ser muy básicos, aptos para todos y que simplifiquen el concepto de los elementos vitales. El politeísmo grecorromano utilizaba dos divinidades vitales para ejemplificar la fertilidad  y el poder a través de Gea (personificación de la Tierra) y Urano (personificación del Cielo). 

Dotados de una relevancia equiparable, estos Dioses primigenios engendraron a los Gigantes (seres de fuerza extraordinaria) y a los Titanes (12 en total). A estos últimos se les asignaba el control de un elemento básico: Cronos (Tiempo), Océano (los Océanos), Ceo (Inteligencia), Crio (Animales), Hyperion (el sol en lo más alto), Jápeto (semilla que dará origen a la vida mortal), Tea (el resplandor y el Brillo), Rea (fertilidad, será la madre de los Dioses Olímpicos) Temis (Naturaleza), Mnemósine (la memoria), Febe (el intelecto), y Tetis (el mar). Estos doce Titanes serán los encargados de interrelacionarse entre ellos de forma incestuosa (entre hermanos) para crear el cuadro de Dioses Olímpicos, así entre Océano y Tetis (Titanes oceánicos) nacerán los Ríos, y entre Ceo y Febe (Titanes de la inteligencia) nacerán Leto y Asteria divinidades asociadas al olvido o al culto divino.

Los Titanes disponían de una personalidad única y por tanto susceptibles a debilidades asociadas al ser humano: envidia, rencor, amor, piedad, lo que de alguna forma inició una guerra entre Titanes encabezada por Cronos. Los aspectos de comportamiento humano responden a una necesidad de crear vínculos entre hombres y sus Dioses y por tanto encajar con algún episodio mítico. 

Con la victoria de los Titanes y la perdida de poder de Urano, se inició a través de la unión de Cronos y Rea, una tercera generación de Dioses, en los que Zeus (Júpiter) y Hera (Juno) serán cabeza visible. Repitiendo el patrón anterior, Zeus se rebelará a su padre Cronos a través de las llamadas Titanomaquias. conflicto que se perpetuará durante 10 años. Es en el periodo de paz de los siglos venideros en el que la vida humana se inicia, y en el que Dioses y hombres interactuarán creando una raza semidivina.

A pesar de la gran batalla de la Gigantomaquia, que enfrentó posteriormente a los dioses olímpicos con los Gigantes, el mapa de Dioses mitológicos se conformó de forma definitiva y con ello se inició un periodo de expansión del árbol genealógico.

 
 
 

Comportamientos Humanos

En el cristiansmo, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y es en esta premisa donde encontramos dos aspectos importantes que no deben pasar por alto, el primero es que ante la bondad divina, Dios dotó al ser humano de un parecido físico similar al suyo, el segundo aspecto es el que no se dice y es que dotó al hombre de vida pero no de su perfección, haciéndolo vulnerable. En el caso de la religión politeísta grecorromana el hombre parte de una creación divina igual a la suya en apariencia y en debilidad, el único elemento diferenciador es su carácter divino e inmortal y su poder. Así como en el cristianismo Dios es todopoderoso y no dispone de vulnerabilidad, en el Olimpo es la debilidad la que forja el carácter del Dios: Infidelidad, complejos, traición y la capacidad para equivocarse, definen y crean una comunión con el mortal, que sabe dirigir su súplica no sólo por el don divino de cada uno de ellos sino por su trayectoria de errores y aciertos. 

Los Dioses erran, toman decisiones contradictorias y marcan el destino humano, es decir, los Dioses toman partido y en ocasiones pierden.

La personalidad está avalada por el don, Hera (Juno) era la diosa protectora de la familia, las madres y las esposas, por tanto su fuerte carácter irá unido a sus mitos: celosa, protectora de los suyos y vengativa con los deslices, Zeus (Júpiter): poderoso, vengativo pero extremadamente infiel, Artemisa (Diana) rebelde, independiente, casta en extremo, protegía a las dulces doncellas de los embistes masculinos, y su personificación refleja un espíritu indomable, Afrodita (Venus) la más hermosa de las Diosas, consagrada al amor carnal, a las infidelidades a la pasión sexual...Todo ello significa, no que cada humano tuviera un Dios preferido al que rendir culto sino que cada situación en la que podía verse un mortal tenía un Dios consagrado, situaciones no individuos.

 

 

Entre el mundo divino y el humano

Haciendo un paralelismo con el cristianismo, el cielo y el infierno sería el equivalente del Olimpo y el Hades griego, la diferencia fundamental reside en que casi el total de los dioses griegos vivían entre los hombres, Olimpo es el nombre del monte que ocupaban y aunque la morada de los Dioses no era visible a los ojos humanos, muchos creían verlos transformados en animales o caminando entre los bosques helenos. Es tal su naturaleza casi humana que se alimentan, beben y gozan de los placeres del mundo terrenal. Los Dioses no viven ajenos al destino humano conrvive con ellos en sintonía.

 

Esta convivencia se vuelve más enrevesada si cabe cuando las relaciones entre lo divino y lo humano se entremezclan entre sí, estos mitos antiguos dan respuesta a los orígenes de grandes reyes y estrategas griegos y a victoriosos generales romanos, entiéndase como ejemplo a Aquiles, Hércules o incluso a Julio César perpetuándose el mito a lo largo de los siglos y sirviendo como epopeya épica para las generaciones futuras. Los grandes hombres, los sobresalientes entre sus iguales, eran vistos como semidioses y su destino estaba unido a la voluntad divina.

 

Dando respuesta al enigma

El mito de Perséfone, hija de Deméter (Diosa de la agricultura) da una idea de cómo una fábula se convierte en una respuesta a un enigma.

Hades, morador y regente del inframundo vivía solo en el Averno, ninguna diosa quería acompañarlo pues digamos que el lugar no era apetecible, ante la imposibilidad de hallar esposa decide secuestrar a Perséfone, una encantadora y hermosa Diosa. Deméter, madre de la joven, implora al Dios que la devuelva y ante la negativa de éste busca la intercesión del propio Zeus. El poderoso Zeus toma una decisión que en teoría deja en tablas la cuestión y es que Perséfone pase la mitad del año con Hades y la otra mitad con su madre. Así pues, los meses de otoño-invierno, Perséfone se halla junto a Hades, mientras Deméter llora su ausencia, dejando los campos a merced del frío y la lluvia, mientras que a su regreso a casa da origen la primavera y el resurgir de la naturaleza, debido a la dicha de tenerla de nuevo. Este episodio ofrece un significado a las estaciones y establece el calendario de festividades y culto a la Diosa.

Este sería uno de los ejemplos, pero la mitología está lleno de ellos. Los enigmas no resueltos pertenecen al mundo de los inmortales y a sus decisiones inmediatas, un volcán en erupción era sintomático de un enojo de Hades, navíos hundidos por oleaje un castigo de Poseidón, una plaga que acabara con los cultivos el resultado de una falta de culto a Deméter (Ceres romana), pero incluso en hombres de ciencia como el gran Aristóteles la religión viajó en paralelo con los métodos empíricos, nada quedaba fuera de la voluntad de los dioses.

 

El Olimpo permaneció durante siglos guiando el destino de los seres humanos, mutando posteriormente al mundo romano con sus propios Dioses. Únicamente otra religión y otro Dios pudo acabar con el llamado culto pagano, durante siglos éste permaneció silencioso, clandestino y prohibido pero fue necesario crear entidades del mismo signo (Santos) que pudieran cumplir con las funciones que la nueva fe no podía asistir y con ello asegurarse la lenta muerte del culto politeísta.