Sobre la opulencia .... y los excesos

O de cómo más es más.....

 
 

Introducción

Roma...Cuando alguien evoca aquella época tiende a reproducir por error los clichés fabricados por las grandes superproducciones de Hollywood, sin pensar demasiado en que la única intención real es la de potenciar una imagen distorsionada de la sociedad elitista de Roma, que nada tiene que ver con la realidad de a pie, por hacer un paralelismo sería como comparar los excesos de cualquier familia real con la de los ciudadanos que viven en barrios obreros, es decir, hay una intencionalidad de mostrar lo excesivo, lo opulento y en algunos casos lo grotesco.

Hubo un momento en la sociedad romana, en que frente a clases tan opuestas como los patricios y los esclavos se instauró una nueva élite de nuevos ricos formados por comerciantes tocados por la fortuna o por libertos con grandes habilidades comerciales que consiguieron adentrarse en la comunidad más exclusiva de Roma. Menospreciados por los patricios, estas familias adineradas pervivían con un complejo de inferioridad latente debido a su carestía de grandes apellidos con pasado glorioso, así que muchos de ellos contrarrestaban su baja autoestima con grandes ostentaciones de riquezas o financiando campañas políticas de senadores romanos. Casos señalados serían los de Cicerón, que siendo uno de los más brillantes oradores, senadores y abogados de finales de la república, y por tanto poseyendo una amplia fortuna por su carrera profesional, era continuamente vilipendiado por su condición de advenedizo, otro ejemplo esclarecedor sería la relación profesional entre Craso y César, el primero, posiblemente el hombre más rico de la Roma republicana, financió la carrera política de César, estableciendo un pacto que perduró con los años y derivando posteriormente al establecimiento del primer triunvirato. César era poseedor de uno de los primeros apellidos de Roma pero su familia carecía de los recursos necesarios para el ascenso y la fama que pretendía. Por tanto, la conclusión es que aunque los patricios no eran demasiado compasivos ni agradecidos con estos nuevos ricos, directamente los necesitaban y por tanto asistían, en ocasiones a regañadientes, a esos banquetes opulentos y de dudoso gusto.

 

Ostentación pública para la plebe

Como hemos comentado la carrera política de los aspirantes a cargos públicos venía determinada por varios factores, desde luego ganarse el favor del máximo número de facciones políticas, pero también, y muy importante, ganarse las simpatías de la plebe. Los ciudadanos romanos eran muy solícitos a estas cuestiones, así que si el senador de turno ofrecía una comida gratis para el pueblo era aclamado entre vítores y exclamaciones de júbilo, en el caso de la Roma imperial no era nada diferente ya que si el emperador gozaba de poca estima de su pueblo organizaba fastuosas y costosísimas luchas de gladiadores o venationes gratuitas para recuperar el reconocimiento perdido, fueron tales las cantidades destinadas a tal fin que en muchos momentos del imperio el tesoro del estado estuvo en bancarrota, y únicamente la recaudación de impuestos a las provincias o las nuevas conquistas pudieron restaurar la banca pública. 

Vamos...que si lo analizamos fríamente no se diferencia en nada de lo que ocurre actualmente, distracción pública significa menos problemas y por tanto una sociedad solícita y compasiva con los errores. Ha sido así desde los anales de la historia y parece que han cambiado las distracciones pero no las intenciones, por tanto las únicas variaciones a las que se pueden hacer referencia es al espectáculo ofertado.

La gratuidad o el reparto de pan o grano era otro recurso al que recurrían los patricios, las almas caritativas ofrecían en epocas de carestía productos de alimentación básica al pueblo que afamado por las guerras o por la escasez de estos alimentos se lanzaban a alcanzar algo que comer, no obstante había otra ostentación mucho más costosa a parte de la financiación de espectáculos o de alimentos que consistía en la construcción de edificios públicos, si el pueblo necesita unas termas se hacen las más grandes y costosas, si un barrio estaba marginado o poco embellecido se realizaban arcos, templos, o se rehabilitaban vías. Esta forma de regalo tenía una doble intención, quizás triple si lo analizamos en conjunto, se conseguía el beneplácito de la plebe, se alardeaba de la riqueza personal y por último el edificio perpetuaría el apellido y la imagen del mecenas a lo largo de los siglos, no necesariamente se correspondería con un regalo exclusivo de un senador o patricio sino con comerciantes adinerados que deseaban colocar su nombre en la historia, a veces dedicando templos a aquellos dioses que pensaban, les habían favorecido con la fortuna en sus negocios.

 

 

Excentricidades en el imperio

Este apartado es quizás el más divertido, excentrico y curioso de la sociedad romana, cada vez que los biógrafos romanos hacían referencia a las costumbres imperiales ponían especial énfasis en vanagloriar al favorito y hundir al tirano, desprestigiando una posible labor llena de luces y de sombras, pero que hay que coger con pinzas precisamente por esa intención de que fuera recordado como un déspota. Nadie cuestiona que fuera cierto, al menos en parte, pero repito que la posición en la que debe colocarse a cada emperador en la historia viene dado por muchos factores y no sólo por su popularidad, el ejemplo sería Nerón o Claudio, de los que hablaremos más adelante.

El modelo de virtud romano tiene un exponente en Augusto, él fue el instaurador de la pax romana y el salvador de Roma, el emperador comedido, amante de la vida sin lujos y máximo representante de la personalidad del perfecto regnante, por tanto Augusto servirá siempre de referente para hacer equivalencias con sus herederos. Si Augusto y su familia eran la imagen de la perfección pública, su heredero Tiberio fue diluyendo esa percepción para acabar siendo dilapidada por Calígula. Este último se ganó con creces los insultos, odios y recelos de toda la sociedad romana que temerosa de sus venganzas era capaz de seguirle el juego para seguir unido a su cabeza. El caso es que la doble personalidad de Calígula, pues empezó con una buena gestión, acabó derivando en una locura demencial llena de excentricidades más propias de un perturbado que de un dirigente político, nombrar cónsul a su caballo fue una de tantas que engrosaron la biografía de Calígula, y aunque sus primeros meses de mandato fueron fructíferos, su crueldad extrema y su comportamiento incestuoso dilapidó una gestión prometedora.

Aunque Calígula es recordado como un auténtico perturbado, lo cierto es que prácticamente todos los emperadores gozaron de un momento de egocentrismo exhacerbado, teniendo en cuenta el grado de responsabilidad e importancia de sus decisiones, no era descabellado presuponer que en algún momento de sus vidas se les fuera literalmente la pinza, algunos optaron por placeres más mundanos otros, en cambio, se dedicaron al culto por el arte, la vida de retiro, o los espectáculos de gladiadores, esa conciencia de ser divino les dotó de un sentido alejado de la realidad.

 

 

Los excesos en lo material

Sin duda este aspecto se personifica excepcionalmente en la figura de Nerón. Hombre amante de las artes, su maestro fue el própio Séneca, era tan egocéntrico que obligaba a sus invitados a aguantar durante horas sus espectáculos que incluían conciertos instrumentales o el recitado de poemas y tragedias propias y ajenas, era algo así como el Gigante de Doraemon :)   Es cierto que gestionó el imperio de excelente forma durante los primeros 5 años, bajando impuestos y dotando al pueblo de una paga de 400 sestercios, pero pasado ese tiempo y con una percepción de sí mismo más cercana a un Dios que a un mortal, se dedicó a cultivar las artes escénicas y a construir la casa digna de su persona "la domus aurea". Claro que, para construirla tuvo que expropiar y derribar todas las casas que ocupaban las decenas y decenas de hectáreas que precisaba, se dice que 50, ganándose así los odios de todo Roma.

Lejos de cesar en su empeño, Nerón mandó construir una colosal estatua de sí mismo bajo la personificación del Dios Helio para colocarla en la entrada de su Domus, la ubicación era donde se encuentra el Anfiteatro Flavio de Roma, también llamado "Coliseo" precisamente porque ocupó su lugar cuando la estatua fue derribada. Pero la figura realmente era una milésima parte de todo el complejo palaciego que incluía un lago navegable, jardines y bosques interiores, y un bonito comedor giratorio y no me refiero a una mesa giratoria sino a toda la sala, ésta poseía un mecanismo mecánico que permitía que la estancia volteará lentamente para poder admirar la propiedad en toda su dimensión, recientemente se han hallado los restos de lo que podría ser la estructura que generaba el giro, a través de un complejo sistema de engranajes.

Nerón no fue el único emperador obsesionado por la belleza material, los grandes complejos palaciegos fueron ostentaciones del poder romano que también se dieron en la figura de Adriano y su villa, de Tiberio en Capri, o el estadio de uso personal hallado en el palatino, ese poder económico debía ser visible ante otros homólogos de oriente (reinado de los persas) o África (reinado faraónico), era algo parecido a lo ocurrido con Alejandro Magno y su fascinación por la condición divina de su persona relacionándola con los dioses originarios de los países conquistados, realmente debía suponer un esfuerzo de contención personal el no verse envuelto en un halo de excentricidad. Aun así algunos emperadores gozaron de una fama de grandes gestores sin la necesidad de hacer uso de su ostentación desmedida.

 

 

Los excesos en lo personal

Si los excesos materiales formaron parte de un nutrido grupo de emperadores, los excesos personales quizás fueron los más visibles y criticados porque evidenciaban poco autocontrol. Personalidades alabadas constantemente y hastiadas de la rutina, encontraron en lo extravagante un modo de supervivencia. Ésta pasaba por ver a todos cuantos les rodeaban como posibles usurpadores de poder despertando en ellos delirios y obsesiones por su seguridad, en las familias imperiales se cuentan por decenas los asesinados por orden del emperador por ver en ellos a conspiradores, Nerón, Claudio, pero también los emperadores considerados "comedidos" utilizaron el recurso de mata primero y pregunta después, para adquirir un falso estatus de seguridad. Cicerón, Cesareo, Agripina, Germánico, fueron daños colaterales de una sociedad corrupta por el poder y obsesionada por las conspiraciones palaciegas. Pero independientemente de éste hubo otros aspectos mucho más mundanos que también marcaron el signo de algunas de las principales figuras imperiales.

La sociedad romana está envuelta en una falsa concepción de libertinaje sexual, es cierto que determinadas festividades y cultos rendían pleitesía a una sexualidad liberal y desenfrenada, pero esa distorsión no es real del todo. Las relaciones homosexuales aunque permitidas en la intimidad del ámbito doméstico no eran aceptadas socialmente sobre todo si eran muy evidentes, aun así muchos emperadores hallaron en sus efebos auténticos motivos de pesar y dolor, es el caso de Adriano y Antínoo, siendo este último su supuesto amante y muriendo repentinamente (suicidio o asesinato, poco se sabe) causó en el emperador una profunda conmoción, deidificando su persona y creando a través de sus efigies, un modelo de belleza joven y masculina. Pero quizás uno de los casos más exagerados es el de Heliogábalo, tratado por sus contemporáneos como el peor y má tirano de los emperadores (Dión Casio es su máximo exponente), de él se sabe que cambió el culto de divinidades romanas por el del Sol invictus, pero la rumorología cuenta los casos más extremos de su comportamiento, casado hasta en 5 ocasiones, se relata su amor por los hombres jóvenes a los que recibía en su alcoba de palacio totalmente desnudo, a ello se le unía un afán de notoriedad que culminaba con apariciones en públicos ataviado con ropas y pelucas femeninas así como el rumor de su castración pública realizada por él mismo, otra de sus grandes hazañas fue la de asfixiar a sus comensales lanzando miles de flores, pero Heliogábalo, asesinado por la guardia pretoriana junto a su madre, contaba con sólo 18 años, por lo que es posible que muchas de estas referencias a su persona fueran simples bulos para hundir más si cabe su déspota reinado.

Recelos, sexo, intrigas, egocentrismo...Todo ello ahonda en la idea de que en ocasiones eran víctimas de su estirpe, de sus apellidos y hasta del gusto por el poder de sus propios progenitores.

 

El exceso en las celebraciones

 

Cuando antes hacíamos referencia a los nuevos ricos, comentaba la necesidad que algunos de ellos tenían de demostrar su holgada economía, las invitaciones en las domus iban acompañadas de salones repletos de fina y delicada cubertería en oro y plata grabada con los más exquisitos motivos, muchas de ellas traídas de otras ciudades del imperio, o sedas y telas orientales que completaban ese espacio de ostentación en ocasiones, sin ninguna clase de refinamiento. 

Partiendo de la base que hombres y mujeres cenaban por separado, estas reuniones sociales se basaban en el placer de la distracción, por tanto, el anfitrión debía proporcionar a sus invitados una serie de espectáculos que incluirían la comida, el arte y el humor. En el primer apartado entramos en la especificación de los principales alimentos que formaban parte de las siete variedades culinarias: los entremeses, tres entrantes, dos asados y los postres:

Los entremeses constaban de aceitunas de diferentes variedades, ensaladas, huevos , salchichas, ciruelas de Damasco, etc...
Los entrantes eran: riñones, cabritos, langostas, buey, cochinillos, capones, liebres, todo ello aderezado con salsas bien sea picantes o dulce.
Los asados: cerdos rellenos con salchichas, o morcillas, terneros, etc...
Los postres: pasteles de frutos secos (pistachos, nueces, avellanas, almendras), y fruta variada..

Toda esta cantidad de comida estaba decorada de formas muy extravagantes para el deleite de los comensales e incluían alimentos exóticos que proporcionaban al anfitrión un motivo de ostentación desmedida: sesos de alondra, lenguas de flamenco, etc... 

Los banquetes podían estar ambientados por los acordes de los instrumentos y acompañados por bailarinas de muy diverso signo. Tras este largo espacio de tiempo que transcurre durante el banquete, se pasaba a los postres y  la ingesta desmesurada del vino, en ocasiones rebajado con agua o mezclado con miel, si tenemos en cuenta la cantidad de comida de la que hemos hablado, no es erroneo pensar que los invitados se provocaran el vómito para seguir la ingesta de vino, de hecho existía el vomitorium que era un recipiente para tal fin, algunos comensales lo provocaban introduciendo los dedos en la boca mientras que otros se lo provocaban agitando una pluma en sus gargantas.

La velada se completaba con espectáculos variados: el recitado de obras célebres, obras de teatro, danzas y música así como comedias que ayudaban a perpetuar un ambiente distendido.

 

La conclusión a la que llegamos es que el gusto por lo excesivo se hizo patente en los estados más privilegiados de la sociedad romana y anque algunos de estos aspectos nos sorprendan y en cierta manera nos causen perplejidad, lo cierto es que se corresponden a una época en la que se precisaba un modelo a seguir, fuera el emperador o el ciudadano de éxito. A pesar que algunos cronistas de la época criticaban ese poco autocontrol y esa exageración desmedida, lo cierto es que la excentricidad estaba innata al cargo y aunque criticada era asumida con total normalidad. El emperador era amo y señor del mediterraneo y por tanto merecía lo que tenía, Roma era centro, motor y futuro y como tal debía ser vista y admirada. 

Si Egipto tenía a los faraones, Roma debía tener su emperador y por tanto debía generar en los visitantes la misma sensación de poder y elitismo, no obstante la fina linea que convierte al hombre en dios, o al rico en tirano, diluyó las buenas gestiones políticas que algunos emperadores iniciaron bajo su mandato. Separar el mito de la realidad o el bulo de lo cierto, es una tarea apta para los buenos amantes de lo clásico, tarea por cierto nada sencilla.

 

Mireia Gallego

Febrero 2015