Roma

 

Es muy difícil describir para alguien como yo, lo que se siente cuando llegas a Roma y empiezas a ver de izquierda y derecha fragmentos de templos, casas, foros, arcos, murallas, etc...en cualquier plaza, en cualquier calle y casi diría que en cualquier local o casa. Sólo cogiendo el tren hasta la estación de Termini ya puedes contemplar los restos de la Porta Maggiore (Porta Pranestina) que recuerdo me aceleró el corazón de tal manera que un pasajero inglés, viendo en mi cara el desencaje por la emoción, me sonrió en un intento de decirme "no te queda nada".

 

Entended que para mí llegar a Roma fue uno de los sueños cumplidos de mi vida y que fue tal el colapso mental que viví ... que fui incapaz de sonreir en todo el viaje pero sí de llorar de emoción en la intimidad de mi hotel, que para mi grata sorpresa disponía de un balcón con vistas al Palatino. 

Ahí fue dónde entendí dónde estaba y por qué esa ciudad es, como una amiga italiana me adelantó, mágica.

 

Roma para un filolatino es el summum, la culminación de un deseo...y lo mejor de todo no defrauda....muy al contrario entendí por qué el antiguo visitante de provincias se quedaba maravillado, pues recorrer sus calles y contemplar lo que es y lo que fue es un espectáculo en sí mismo. Con frecuencia evoco esas imágenes para intentar capturar el recuerdo y que permanezca en mi memoria.

Hay tanto por descubrir que os lo he tenido que separar por diferentes secciones...Empecemos...