Sant Cugat del Vallès


Foto Joan Carles Garcia

 

Introducción

Hace mucho, mucho tiempo que tengo ganas de desarrollar los restos romanos de mi ciudad. No es una tarea excesivamente sencilla aunque a priori pudiera parecer todo lo contrario, por dos razones; la primera, por la gran responsabilidad personal que a mi juicio me genera hablar del lugar donde resido y donde he desarrollado mi vida personal y profesional y la segunda por la escasez de documentación que existe en cuanto al legado romano.

Aun así y con toda la ilusión puesta en difundir el orígen de Sant Cugat, me dispongo a rendir un pequeño y humilde homenaje a la que es mi ciudad, no sin antes agradecer a mi amigo Joan Carles parte del material gráfico que me ha prestado para el artículo.

 

Localización

 
 

Sant Cugat está ubicada en la comarca del Vallès Occidental, a unos 23 Km de Barcelona, este dato es relevante ya que se localizaría al otro lado de la Serralada de Collserola y en un punto de conexión de ciudades tan importantes como Bacelona, Terrassa y Sabadell, o lo que es lo mismo, Barcino, Egara y Arragona. Actualmente somos unos 90.000 residentes pero lo cierto es que el grueso comercial y turístico se centra en un único eje principal, el Monasterio.

El Monestir construído sobre una basílica paleocristiana fue creciendo exponencialmente, a pesar de que la invasión sarracena destruyó la construcción inicial, entre el s.IX y el XV fue reconstruído hasta llegar a la apariencia de hoy en día. De hecho se pueden adivinar las diferentes épocas echando un simple vistazo a los diversos elementos arquitectónicos, a lo que hay que añadir su increíble estado de conservación que lo catapulta como único no sólo en su apariencia externa sino en el magnífico claustro de estilo románico con obras de Arnau Cadell en el año 1190. Bien, el orgullo me sale hasta de las orejas, qué decir!

Como este no es un blog de arte románico sino de cultura clásica me centraré en lo que realmente muchos de mis vecinos no saben y es el orígen de la propia ciudad. 

El castrum

Foto Joan Carles Garcia

 

Pensemos en la Vía Augusta, esa imponente linea de comunicación que atravesaba de Norte a Sur la Hispania romana, (si el lector no tiene imaginación sólo debe seguir el curso de la AP-7), esta ruta cruzaba las principales provincias asegurando el trasiego de mercancías y población de un lado a otro, pero a medida que el imperio se iba extendiendo fueron necesarias nuevas vías que conectaran los municipios del interior. Estas carreteras secundarias fueron conectándose unas a otras siendo Sant Cugat posiblemente un nexo de unión entre la Vía Augusta y una vía que accedía a Egara (Terrassa) y Sabadell (Arragona)  y otra al Sur a Ad Fines (Martorell), ¿Cuales son las pistas que realmente nos hacen asegurar este dato?, en Sant Cugat existe una capilla románica llamada St Llorenç de Fontcalçada, citada en el Cartulario del Monasterio de Sant Cugat del Valles. En el año 986 aparece como "Fonte Calciada" lo que nos hace pensar que previa a la construcción cristiana existía una calzada empedrada transitada por viajeros, de ahí la etimología de la palabra, tal y como nos referencia Federico Pallí Aguilera en La Toponimia de la Vía Augusta en Cataluña.

Bien, ahora sabemos que había una vía pero, de qué más datos disponemos? La localización de un miliario, bloque de granito con información sobre distancias, en Sant Cugat nos pone de manifiesto que se trataba de una vía principal, el miliario contaba con la inscripción " Tib(erius) Claud(ius) Drusi f(ilius) / Caesar Augustus / [G]ermanicu[s", o lo que es lo mismo el emperador Claudio, por lo que podemos asegurar que el miliario que marcaba las distancias estaba datado al menos desde el s.I.

Ahora que ya tenemos la razón entenderemos el origen de la ciudad. 

En el s.I Roma estaba en pleno apogeo territorial, controlada la Hispania prácticamente en su totalidad y con una fuente inagotable de primeras materias, la vía augusta se había convertido en una ruta no solo necesaria sino eminentemente relevante. Para salvaguardar la seguridad de las carreteras, se establecieron asentamientos perpetuos de control tanto de mercancías como de viajeros y es justo donde se localiza el Monestir de Sant Cugat donde se hallan los restos de una fortificación romana. Aquí se establece una controversia tremenda entre los diferentes historiadores, mientras unos dicen que el nombre de Castrum Octavianum viene de una designación medieval para referirse a una figura jurídica medieval (Castillo), otros aseguran que proviene del asentamiento militar ordenado en época de Augusto, si hacemos caso al miliario, a las carreteras y a los restos romanos del perímetro del Monestir, se ajustaría más a la segunda opción.

 

Foto Joan Carles Garcia
 

El Monestir de Sant Cugat está estratificado, aunque dispone de una muralla con torres perimetrales, éstas no se corresponderían con las originarias romanas sino que los restos propiamente romanos se hallarían en el basamento del ábside exterior, apreciable en las imágenes anterior y siguientes. Se ve claramente la disposición de los sillares de piedra de forma diferente a los muros.


 

Foto Joan Carles Garcia

Foto Joan Carles Garcia
 

Todo parece indicar que a partir del castro romano se inició un desarrollo comercial que se benificiaría de su acceso a las principales vías de comunicación. Prueba de ello, es que en el año 2014 durante la construcción de unos edificios sociales frente al Monestir, se hallaron los restos de lo que podría haber sido unos silos de almacenaje de grano, vino o aceite, siendo estos los principales elementos de comercialización con el imperio.

 

La villa de Can Cabassa

Dentro de la historia de Sant Cugat hay una buena colección de masías que actualmente ocupan parcialmente su territorio y que aunque en su momento estaban destinadas a la explotación agrícola y ganadera, actualmente algunas han pasado a ser un reclamo turístico y gastronómico. Hay una teoría extendida que relaciona la ubicación de estas masías con las que se hallaban en siglos anteriores y por ende con las romanas. Es el caso de la villa de Can Cabassa, aunque fue descubierta hace bastantes años no fue hasta el año 98 cuando se realizó una memoria sobre las acciones que se habían llevado a cabo para saber la magnitud e importancia de la misma. Según se desprende de esos documentos, la villa tuvo una extensión de unos 21.000 metros cuadrados y estaba destinada a la agricultura. Se hallaron doliums, o vasijas de almacenaje, hornos, y restos de elementos domésticos y de labranza, así como secciones de mosaicos que indicarían la zona de habitáculo. Además se pudieron recuperar fragmentos óseos de al menos 62 cuerpos.

Como elementos importantes en cuanto a información de culto, se hallaron restos de lucernas con lo que posiblemente era una representación de la diosa Cibeles, otra con el icono de un toro y otra con una imagen de un hombre danzando con gorro frigio, todo ello indica que se consagraban a dioses de la tierra y la agricultura.

Algunos de los datos recogidos muestran que se mantenían relaciones comerciales con el Norte de África, lo que afianza la Vía Augusta como ruta comercial de relevancia entre el Sur y el Norte de Hispania.

La datación de las estructuras y materiales se extiende en un periodo entre el s.II hasta el s.VI, este dato es tremendamente común en esta clase de villas, ya que o bien se heredaban o bien los ricos comerciantes las adquirían perpetuando la actividad económica, de ahí que se diga que las masías que actualmente podemos contemplar estarían ubicadas cerca o sobre los restos de otras que les precedieron. Estos restos no son visibles ya que fueron nuevamente cubiertos.

 

Leyenda de Sant Cugat

 

Cugat o Cucuphas era un cristiano nacido en Scillium (Cartago- África) en el s.III. La llamada de la fe le hizo viajar hacia el Norte para predicar la palabra de Dios entre los paganos, se tiene constancia que el Norte de África recibió una fuerte influencia cristiana durante esos siglos. Tras una larga peregrinación llegó a Barcino acompañado de San Félix que dirigió sus pasos hacia Girona.


Tesoros del Museo Británico 

 

Durante aquellos años el gobierno de Roma lo ocupaba Diocleciano, Ilirio de nacimiento, de fuertes convicciones basadas en el órden y en el reestablecimiento del imperio. A principios del s.IV, Diocleciano decretó la persecución y castigo del cristianismo, por lo que se constituyó como el gran siglo de los mártires y Cugat fue uno de ellos.


Foto Joan Carles Garcia

 

Durante un tiempo trabajó como mercader en Barcino predicando paralelamente la palabra de Cristo, no obstante este último hecho llegó a oídos del prefecto que rápidamente ordenó su detención por las tropas romanas. Trasladado al Castro, fue torturado hasta la muerte, aunque algunas fuentes apuntan que Cucuphas buscaba exactamente eso, la piedad a través del martirio.

La leyenda dice que resistió cuando le abrieron las tripas, ya que se las recolocó y cosió, resistió la pira crematoria pues un viento apagó las llamas y hasta un largo tiempo fue metido en mazmorras, siendo degollado finalmente para alcanzar los cielos y convertido en mártir por gloria de Dios. Parece ser que en ese impás logró reconvertir a soldados romanos, o al menos eso es lo que se ha querido trasladar desde las fuentes cristianas, una de ellas del tarraconense, Prudencio, en su libro "Peristephanon" donde relata las torturas de los mártires del s.IV contadas por aquéllos que las vivieron como testigos o difundidas oralmente por los padres.

En el lugar donde fue asesinado, se contruyó una basílica en su honor donde se depositaron los restos del mártir y se inició su culto, restos que posteriormente fueron trasladados a diferentes destinos. La cimentación de esta basílica se halla en el Claustro del Monasterio, donde puede ser contemplada la planta rectangular del recinto sacro.

 

Conclusiones

Sant Cugat es sin duda mucho más que su Monasterio, pero no es menos cierto que la vida de la ciudad partió de sus cimientos. A pesar que hay una gran difusión por parte de las Administraciones de su legado monacal benedictino, debería ser un derecho partir de su eje romano para poder entender el por qué se mantiene en la nomenclatura el apelativo de Octavià y para establecer un eje de conexión con nuestras vecinas Rubí, Terrassa o Sabadell. 

Sant Cugat parece conjugar magníficamente ambas creencias y ambas culturas: la pagana y la cristiana. Quién sabe cuantos tesoros se hallan bajo sus cimientos, quién sabe si bajo nuestros pies se halla la respuesta.

 

Mireia Gallego

Octubre 2016