Monumento de las Nereidas

 
©Trustees of the British Museum
 

Introducción

Londres esconde algo más que las valiosas joyas de la corona custodiadas por los Beefeaters y sus 5 cuervos negros. Son tesoros únicos en el mundo, delicadamente tratados, con una exquisitez y solvencia al más puro estilo británico. Aun así, y reconociendo de antemano la labor realizada por los conservadores ingleses del Museo Británico, debo decir, siempre desde un punto de vista meramente subjetivo, que estas obras o monumentos se muestran magníficamente engalanados pero tristemente grises, es como intentar gozar del brillo de un diamante en la penumbra, sigue siendo una pieza valiosa pero no puede apreciarse. 

Lo heleno estaba hecho para ser contemplado bajo una luminiscencia intensa y natural, los detalles, los brillantes colores, las magnitudes eran espectaculares cuando eran provistas del impacto de la luz, esa es una realidad aplastante y aunque su preservación en este caso ha primado muy por encima de su entorno, como viene siendo lógico, lo cierto es que les falta mostrarse bajo el azul intenso de la Europa mediterranea.

El Museo Británico es un enorme mapa del tesoro con cruces cada 2 milímetros, pero entre sus obras destacan sin duda las del periodo dinástico egipcio y las del periodo helenístico. Entre estas últimas hallaremos mil razones para visitar pero hay 3 que destacan muy poderosamente: Los frisos del Partenón, el Mausoleo de Halicarnaso y el Monumento de las Nereidas, estas dos últimas excavadas en territorio turcoy pertenecientes a la colonización griega.

 

El monumento de las Nereidas - Ubicación original


Teatro, monumento a las Harpías y sarcófago

 

Janto era una ciudad Licia próspera y muy comercial situada en la actual Turquía. Su ubicación estratégica y su crecimiento demográfico la convirtió a lo largo de los siglos en un auténtico foco de interés para todos los grandes imperios de oriente y occidente. Por sus gobiernos pasaron persas, griegos, macedonios y romanos. A pesar de ser un reinado, los licios adoptaron las costumbres helénicas logrando aunar ambas como una sola, muestra de ello son los restos de escritura licia y griega ambas en piedra que permitieron decifrar mejor el idioma autóctono y que nos dan información de su condición de aliada de Atenas durante las guerras del Peloponeso, asimismo las cerámicas y los templos consagrados a deidades griegas como Apolo o Artemisa atestiguan una gran influencia helénica en la ciudad.

Es durante el s.V a.C cuando Janto erige sus principales monumentos, la columna, el monumento de las Harpías y uno de los complejos más espectaculares: El monumento de las Nereidas.

En el s.XIX, durante las excavaciones realizadas por Sir Charles Fellows, se descubrió una serie de relieves desperdigados en una colina que en principio se pensaron que formaban parte de varios edificios. Tras su traslado a Londres, se comenzó la tarea de recomposición de los mismos percatándose de que seguían un órden determinado bordeando una estructura cuadrada. Tras años de excavaciones y estudios se completó  por fin todo la estructura, tratándose de un recinto funerario, visitable ahora en una sala del Museo Británico:

Un podio de 6 metros de altura de forma prácticamente cuadrada soportaba una cella de más de 5 metros de alto, dedicada al custodio de un sarcófago funerario, perteneciente muy posiblemente a la casa real Licia. 

El podio estaba decorado en todo su perímetro por dos hileras de relieves con escenas bélicas en las que se mostraba las victorias del príncipe, sobre este zócalo se colocaron 4 columnas jónicas estriadas en su frontal por 6 columnas laterales. 

En los espacios intercolumnios se esculpieron hermosas estatuas que representaban a las Nereidas, deidades marinas pero también íntimamente relacionadas con la muerte, esculpidas en un movimiento desigual y elegante, otorgando una sensación de ligereza al conjunto.

 

Relieves del zócalo ©Trustees of the British Museum
 
Relieves del zócalo ©Trustees of the British Museum
 

Sobre las columnas se esculpió un arquitrabe decorado con frisos de cacerías, en él hallamos hombres a lomos de caballos que dan muerte a animales salvajes. Sobre el arquitrabe se situa un frontón decorado con las efigies de la pareja difunta acompañada de un cortejo.

 

©Trustees of the British Museum
 

La cella interior dispone de dos pilares esquineros cuadrados que soportan un friso donde se nos muestra la escena de un banquete y hombres portando alimentos. Entre las columnas hallamos la puerta de entrada al recinto funerario donde se hallaba el sarcófago con los restos.

©Trustees of the British Museum
©Trustees of the British Museum
©Trustees of the British Museum
 

Conclusión

El complejo es simplemente sobrecogedor, es difícil contagiar al lector de las sensaciones que te recorren al verlo cuando giras sobre tus espaldas y alzas la vista. Cualquiera, ame o no el arte, entienda o no de historia, queda petrificado ante la magnitud de lo que se contempla, es un monumento funerario que no agrede, que te obliga a sentarte y a observarlo con detenimento, que otorga belleza a la tragedia y a la pérdida, que da forma y movimiento a sus gráciles custodias. Es el ejemplo de que hubo una época en la que trozos del Olimpo caían a la tierra de los hombres.

 

Mireia Gallego

Octubre 2015