Complutum (Madrid)

Termas de Complutum
 

Cuando me embarqué en la odisea de recoger datos de los yacimientos romanos de Hispania, me topé con grandes descubrimientos. Contados por centenares, los yacimientos adquirían relevancia según se acercaban a las principales provincias actuales y como venía siendo lógico mi nivel de conocimiento de los mismos estaba reducido a los más importantes del mundo antiguo, Itálica, Emérita Augusta, Baelo Claudia, Tarraco, Gades, Empúries... No obstante, en esta magnífica tarea de inmersión en la arqueología romana, me he encontrado con pequeñas joyas que no deben dejar de difundirse, quizás no son poseedoras de grandes restos de valor incalculable, pero sí son tesoros locales que ayudan a entender cómo se vivían en las provincias y cómo éstas influyeron en nuestra vida cotidiana. Es más, sitúan al municipio o provincia dentro de un contexto más amplio y nos dan un escenario más ajustado de lo que significó el imperio globalmente.

Madrid dispone de una situación geográfica privilegiada para el mundo romano. Situada en el centro de la península, su ubicación le permite establecerse como centro de distribución al resto de las provincias, a pesar que no gozó de la importancia de Tarraco o Itálica, sí que se posicionó como importante en cuánto a sus posibilidades logísticas ya que marcaba el eje central de paso entre Cesaraugusta y Emérita Augusta. 

El yacimiento de Complutum se halla en la actual Alcalá de Henares. Previa a la ocupación romana del s.I la zona colindante se hallaba habitada por los carpetanos, la necesidad de proteger su territorio hizo que éstos se ubicaran en lugares más altos donde la visibilidad era mucho mayor, ocupando el terreno del Cerro del Viso. Posteriormente, ya durante la ocupación romana, una creciente demografía y un periodo de paz, hizo que esos asentamientos en el cerro fueran bajando progresivamente hasta el llano dónde se ubica actualmente el yacimiento. La cercanía del río Henares procuró a la población tierras fértiles para cultivar, por lo que sería posiblemente un municipio con una economía centrada en la agricultura y en materias primas de fácil comercialización.

Las dimensiones que alcanzó el municipio llegaron hasta la 60 Ha con un trazado urbanístico que varió en los años posteriores hasta irse adaptándose a los estandares romanos. En el lugar de confluencia de las dos vías principales, Cardo Máximo y el Decumano, se desarrolló el eje comercial y administrativo de la zona.

 

Zona del foro

 


Basílica

Como hemos comentado anteriormente el foro romano cumplía una función administrativa y económica. Éste albergaba varios edificios que fueron ampliándose o modificando su uso de acuerdo a las necesidades del municipio.

El foro lo componía principalmente, la Basílica (centro administrativo y jurídico), la Curia (lugar de reunión del Senado o de las administraciones públicas), las Termas (centros de ocio), los Porticos tarbernae (tiendas), el auguraculum ( o centro para la inerpretación de los augurios) y una fachada monumental que disponía de una inscripción refereida a la Eneida que se conserva parcialmente. Se cree que posiblemente el foro también albergara dos templos, la dificultad en la ubicación del resto de los elementos del foro reside en que gran parte de ellos se encuentran enterrados bajo construcciones recientes.

La puerta de Occidente estaría integrada en la muralla de delimitación de la ciudad de Complutum junto a dos torres que albergaban silos de almacenajes. 

Se sabe que la ciudad alcanzó su máximo esplendor durante la época de Vespasiano cuando la ciudad alcanzó el estatus de municipio romano, esa nueva condición derivó a un proceso de remodelación de la estructura de la ciudad y de los edificios públicos y privados. Ya en el s.III Complutum trasladó las termas más al sur construyendo en su lugar la Curia de la que hoy podemos contemplar los restos, ello nos indica que la ciudad al menos durante ese siglo había crecido significativamente.

 

Pozo

 

 

Termas

Zonas residenciales

Complutum parecía gozar de cierta estabilidad económica, su situación geográfica y de paso comercial la hacía próspera, por ello no resulta extraño localizar entre sus restos las estructuras de villas de gran nivel. La Casa de los Grifos, la Casa de Hippolytus, la Casa de Marte o la Villa del Val son un ejemplo de arquitectura compleja en el que se recogen los restos de mosaicos y pátinas decoradas con elementos naturales y que muestran una gran exquisitez en su elaboración.

La Casa de los Grifos contiene pinturas murales de una calidad excelente y en un gran estado de conservación, las diferentes estancias están decoradas con murales de diversos colores creando efectos que emulan el mármol y decoradas complementariamente con elementos vegetales como hojas de acanto o guirnaldas. Otras zonas disponen de pinturas de estilo Pompeyano ilustrando elementos diferentes como columnas jónicas y motivos geométricos. En esta villa también han sido localizadas algunas joyas, como un anillo de cristal de pequeño diámetro así como vasijas y cerámicas de uso cotidiano. 

La Casa del Val dispone de un magnífico mosaico dedicado a un auriga victorioso, aunque se conserva parcialmente y no se vislumbra totalmente la cuadriga, el artista reflejó con detalle a qué facción pertenecía el jinete, todo ello invita a pensar que esta villa era posiblemente un lugar de cría de caballos y que ese mosaico quizás y sólo quizás representara la victoria de uno de sus caballos en una competición circense.

La Casa de Hyppolitus es llamada de esa forma por ser éste el autor del mosaico que se halla en el frigidarium (piscina fría). Este mosaico fue encargado previsiblemente por Ennio a un prestigioso artista norte africano que siguiendo las pautas del s.III y IV mostraba a través de sus pequeñas teselas, motivos marinos y referidos a la pesca tradicional.

Otras villas serían la de Baco, la Casa de Aquiles o la Casa de Cupidos, nombre dado por el motivo del mosaico hallado en su interior.

 

Mosaico Casa de Hippolytus

Pinturas murales casa de los Grifos

 

No deja de impresionar que bajo el suelo de nuestras ciudades siguen apareciendo auténticas joyas que merecen ser vistas y disfrutadas. Maravillados por los restos de las principales urbes a veces dejamos pasar de largo, los pequeños destellos de los ancestros romanos que habitaron el mismo lugar dónde ahora lo hacemos. Difundir esas pequeñas joyas nos acerca a la importancia del origen y de la cultura clásica de la que formábamos parte antes y ahora, por lo tanto, cualquier tentativa o propósito de hacer de lo pequeño algo grande debe ser un objetivo de aquéllos que amamos el mundo romano.