Tossa de Mar

Introducción

Tossa de Mar es de aquellos pueblos costeros con encanto, repleto de luz y con olor a mar. Situado en la costa catalana, queda a una distancia intermedia entre Barcelona y Empúries. Eso quizás ya es un dato relevante, más si cabe si tenemos en cuenta que la antigua vía Augusta recorría en paralelo a nuestra AP7 y que por lo tanto estaría dentro del paso obligado de mercancías de Norte a Sur. 

Todo el paisaje costero catalán está salpicado por pequeños y grandes yacimientos, eso no es ninguna novedad pero hay algunos que no son demasiado conocidos pero que sí que nos ofrecen pistas sobre quiénes y qué hacían nuestros antiguos vecinos, cuáles eran sus fuentes de ingresos y en qué las destinaban.

Y ahí en l'Avda Pelegrí de Tossa, la antigua Turissa, emerge como de la nada una preciosa villa romana ejemplo vivo de cómo vivieron sus ciudadanos durante 4 siglos.

Precedentes

Existen algunos datos que ya en el S.XIX apuntaban a una gran explotación romana en la zona pero realmente no fue hasta el 1914 cuando el Dr. Ignasi Melé, miembro de l'Institut d'estudis Catalans en el area de Historia Arqueológica, descubrió y financió el proyecto de excavación del mismo. Durante 10 años de duro trabajo, localiza infinidad de piezas de valor, que cede al Museu de Sant Feliu de Guíxols y crea el suyo propio para potenciar el turismo cultural en Tossa de Mar y ciertamente fue así. El Dr. Melé no sólo fue un gran amante del patrimonio sino un referente en cuanto a generosidad, apareciendo su nombre de forma honorífica en calles, escuelas y asociaciones deportivas.

 

El Dr. Melé sabía que las dimensiones y aquéllo que se había descubierto era de gran valor, situado en el Turó de Sant Magí y con unas increíbles vistas, la villa había ido creciendo a medida que habían pasado los siglos, motivo por el cual se podían datar elementos en un segmento temporal que abarcaba desde el s.I a.C, época Augusta hasta el s.V. aunque si bien hay que referenciar que gran parte de lo que es observable actualmente corresponde a las más antiguas de las dataciones.

Lo cierto es que la Vil.la dels Ametllers o también llamada Villa Vitalis por ser éste el morador en su última época, es una construcción de lujo que está construida en dos desniveles orográficos, por decirlo así aprovecharon la pendiente del terreno construyendo la parte habitada por los dueños en la zona más alta y utilizando la zona más baja para la producción de vino, aceite o salazones. 

La zona noble fue aumentando de tamaño con los años siendo una auténtica mansión romana, a las muchas estancias destinadas a la recepción o al cuidado de la villa, sobresale un patio/jardín interior adornado con una piscina y dos ninfeos que se encuentran muy cercanos a las termas privadas de los dómines. Tras ellas las estancias principales, decoradas con preciosos mosaicos con motivos geométricos que dan información muy relevante sobre el nivel de vida de sus propietarios y la importancia del comercio de materias primas en el imperio.

 

Villa de los dómines

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Vista de la zona comercial

 
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Si bien desde lo alto son visibles ambas partes de la villa, desde l'Avinguda Pelegrí sólamente se ven las que corresponden con la explotación agrícola, donde tenía lugar la producción y almacenaje de estos productos. Se trata de una serie de estancias destinadas a fines comerciales de productos muy básicos pero esenciales durante el imperio, su acceso por mar y por las vías principales podían abastecer a las provincias más relevantes de la Tarraconensis acrecentando sus ingresos con cierta facilidad y constituyéndose como una gran explotación agrícola de la zona motivo por el cual se perpetuó durante siglos. Se han hallado restos de grano, vino, aceite y salazón y aunque es difícil apreciar las divisorias de las diferentes zonas, se han hallado gran cantidad de cerámicas que han permitido obtener información sobre su contenido.

 

Conclusión

 

La Villa dels Ametllers es un ejemplo de cuanto queda por descubrir en estos pequeños pueblos y ciudades, de la gran cantidad de tesoros que alberga nuestro subsuelo y que no deben dejarnos indiferentes. Como siempre digo, visitarlos es darle un impulso pero también es rendir un homenaje a hombres y mujeres que cedieron su patrimonio, su tiempo y sus esfuerzos en mostrar al mundo cómo eéramos o cómo vivíamos, creo que el Dr. Melé bien se merece una visita a la villa y como no a un lugar con olor a historia y sal. 

 

Mireia Gallego

Junio 2016

 

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