Prostitución y sexualidad en la antigua Roma

 

La visión que se tiene sobre el sexo en Roma, se reduce a lo visto en series y películas, en ellas se nos muestra una sociedad abandonada a los placeres sexuales, extremadamente liberal y con un concepto abierto sobre la contratación de prostitutas y su aceptación social. Pero, realmente era así? 

 

Responder con una afirmación o una negación sería el peor de los errores, no se reduce al blanco o al negro, sino a una escala de grises donde dependerá de la época en la que nos centremos o de la escala social a la que se haga referencia. Lo cierto es que cuando explique cómo era la vida de los lupanares os daréis cuenta de que no difiere, más que en matices, con la situación de la prostitución actual.

 

El culto a la fertilidad

A diferencia de nuestra sociedad, la romana mantenía una clara inclinación al culto del "Falo", esta veneración también es extensible a Grecia donde esculturas y frescos de símbolos fálicos se han hallado en las excavaciones realizadas, por ejemplo en Delos, y que nos muestran cómo esas sociedades entendían que su culto era la representación de la abundancia y la fertilidad no sólo en el ámbito doméstico sino en el económico. 

Estas esculturas, pinturas o mosaicos, algunos de considerable tamaño, estaban expuestos de forma muy visible en las principales vías de tránsito, e incluso en zonas de relevancia en casas y negocios, por lo que en este caso no se trataba de una adoración de componente sexual sino un culto a su simbología en representación de la fertilidad.

Puede parecer grotesco y algo exhibicionista pero debemos entender que no disponían de ninguna moral prohibitiva en esta materia y que estaba plenamente arraigado en la cultura popular, ejemplo de ello son las liberalia, festividad celebrada en Marzo, en la que se paseaba un carro por la ciudad donde colgaba la representación de un falo y donde mujeres especialmente, pero hombres también, solicitaban un año de buenas cosechas y de abundancias económicas.

Por supuesto, no siempre se reducía a una cuestión de culto...para nada...el romano era en sí, abierto a los placeres del mundo y el sexo no era ajeno a ello. 

 

Concepción de la castidad y la fidelidad

Aunque la romana era una sociedad abierta en lo que a la sexualidad se refiere, lo cierto es que seguía siendo tradicional y moralista en muchas cuestiones. Una mujer patricia, casada con alguien de su rango, debía ser extremadamente cautelosa en lo que a amantes se refiere, como hemos comentado ampliamente, la sociedad romana debía "ser" pero sobre todo "parecer", por tanto a la Dómina de reputado nombre se le valoraba su fidelidad y respeto a su esposo y a su apellido. 

 

Julio César se separó de su mujer Pompeya por evitar los comentarios malintencionados que sugirieran que había tenido un affaire con Clodio, ahí fue donde César pronució "la mujer de César no sólo ha de serlo sino parecerlo". Esta afirmación tan taxativa nos ofrece información de cómo era la alta sociedad romana. Al hilo de lo que acabamos de explicar es muy curioso que la reputación del propio César fuera la de un amante que flirteaba con frecuencia, en especial, a las mujeres de los princiales senadores o magistrados romanos, célebre es la cita en que los soldados gritaban "Ciudadanos esconded vuestras esposas, aquí traemos al adúltero calvo”, por tanto cabe reseñar que efectivamente la sociedad romana era machista en las cuestiones amatorias, pero también deja constancia que las amantes de César, la mujer de Craso, Pompeyo o Sulpicio, no guardaron fidelidad alguna.

Bien, una sociedad como la romana, en la que muchos de sus hombres estaban alistados en las legiones, o pertenecían a la orden ecuestre, y que por lo tanto podían pasarse meses o hasta años fuera de sus casas, daba cierto margen al adulterio de un bando y del otro, ya que era comprensible que una mujer en ausencia de su marido apaciguara los deseos de la carne o que el soldado fatigado y exhausto por la batalla hiciera lo propio con prostitutas o esclavas. A pesar de eso, se valoraba la prudencia y la discreción, así que algunos de los esclavos eran usados como amantes, sumisos a los deseos de su dómine o dómina si requería de sus servicios sexuales. 

La mujer del César tampoco estaba exenta de críticas, Mesalina, tercera esposa del emperador Claudio, fue célebre por su ninfomanía, ello le llevó a mantener relaciones diarias para saciar su líbido, no era especialmente selectiva con sus amantes, de hecho Juvenal nos explica como Mesalina ofrecía sus servicios como prostituta bajo el nombre de Licisca en uno de los numerosos burdeles localizados en el barrio de Subura, así como su capacidad para manterner relaciones con cerca de 200 hombres durante un día.

 

A pesar de esa conciencia liberal, estaba profundamente valorada la moderación y la fidelidad entre cónyuges, ofreciéndole un valor añadido especialmente a la mujer capaz de reprimir sus impulsos sexuales. 

 

Las artes sexuales

Importante es destacar que habían normas de aceptación sexual, es decir, se permitía que un hombre mantuviera relaciones homosexuales con un esclavo o con un liberto, pero no con un ciudadano libre, ya que en este último caso consideraban que uno de ellos perdía su dignidad al tener una posición de sometimiento, por ende es extensible al caso de las relaciones entre mujeres donde la figura de una de las amantes ejerciendo el rol masculino, no era ni aceptado ni permitido. Todo ello no significa que no se hiciera, significa que no se aceptaba socialmente, de ahí que cuando se muestra una imagen deshinibida y sexualmente permisiva de la sociedad, no se ajuste del todo a la realidad,.

Otra consideración a tener en cuenta es que el sexo oral aunque permitido no formaba parte de las buenas costumbres sexuales, curioso es el motivo ya que para un romano la boca era una herramienta de la palabra, mientras que el cunnilingus relegaba al hombre a un papel de sometimiento frente a la mujer. 

Podríamos hablar de las Bacanales como el ejemplo perfecto del libertinaje sexual romano, en ellas mujeres a las que se les prohibía la ingesta de vino durante el año, se les permitía por un día embriagarse en honor a Baco hasta caer en un estado de éxtasis que fomentaba las relaciones sexuales entre ellas mismas. Bien, casi todo el mundo evoca una imagen en su mente de una bacanal como una orgía de sexo y alcohol, no obstante lo que pocos saben es que las Bacanales fueron prohibidas en muchas ocasiones por el carácter lascivo y como fuente de conspiraciones políticas. En realidad, les fue difícil una prohibición total pero reitero no era tan moralmente permisivo. Era simplemente aceptado socialmente.

©Trustees of the British Museum

 

El papel del concubinato era legal en época de Augusto, es decir, un hombre libre y una esclava liberada podían mantener una relación paralela a su matrimonio incluso de convivencia, no obstante la legalidad del matrimonio prevalecía sobre cualquier derecho.

©Trustees of the British Museum

Cuando no había matrimonio, bien por separación o bien por viudedad y el hombre deseaba convivir con la concubina podía hacerlo siempre y cuando se registrara esa relación, algo parecido a nuestras parejas de hecho, no obstante ni la concubina tenía derechos legales, ni los hijos de estas relaciones se consideraban legítimos, por lo que tampoco tenían derecho a herencia.

 

La prostitución

Pro statuere: "La que se situa delante"

No existía un sólo modelo de prostitución, al igual que ahora, una prostituta podía ejercer su oficio en casa, en burdeles, en la calle o en negocios como tiendas o tabernas, incluso algunas de ellas habían ahorrado lo suficiente como para montar un negocio honrado con servicios extras en habitaciones ubicadas en pisos superiores para ofrecer servicios complementarios.

Era muy común hallarlas en cualquier esquina de Roma, especialmente en el barrio de Subura o merodeando los lugares de concentración principales como los teatros, los circos o el anfiteatro, donde los hombres ávidos de sangre o emocionados con los textos eróticos representados en los teatros, buscaban el servicio de la meretriz para saciar su deseo.

Las prostitutas de lujo ejercían en clara similitud de las hetairas griegas, como cortesanas de uno o varios hombres que pudieran costear sus caros servicios, a cambio de su discreción y de sus artes, ahora bien ninguna prostituta estaba bien considerada, fuera del rango que fuera. 

Para un romano la prostitución era un servicio, un bien social para evitar que hombres ilustres tuvieran affaires con mujeres honorables, calmar el deseo sexual con la prostituta era preferible y admitido antes que el flirteo con una dómina, mientras que esto último estaba penado con la pérdida de dotes y con el pago de multas de hasta la mitad de sus propiedades materiales, el negocio de la prostitución era admitido y no cuestionado careciendo de reprobendas legales.

Ahora bien, los textos nos dan información del doble rasero romano cuando nos explican que un joven romano que había pasado a su edad adulta decide pasar la noche en un burdel, todos cuántos le ven aplauden y alaban su decisión, pero cuando este mismo joven es visto en más ocasiones requiriendo los servicios de una prostituta es reprobado por los mismos que le alabaron. Esa dualidad es muy romana, para ellos el contratar los servicios puntualmente exige autocontrol, asistir asiduamente es rendirse a los placeres, denota vulnerabilidad.

El colectivo de prostitutas podían tener orígenes muy diferentes, podían ser esclavas obligadas a prostituirse y con ello ganar dinero para el proxeneta, podían ser mujeres libres que por necesidades económicas precisaban vender su cuerpo o podían ser libertas, es decir esclavas liberadas y que seguían en el negocio por la rentabilidad económica. 

Todas ellas carecían de derechos legales de amparo pero por el contrario debían registrar sus actividades y pagar un impuesto al estado. 

La prostitución era considerada como infame, y como tal eran tratadas las prostitutas, violadas y abusadas no podían buscar refugio en la ley romana porque para ella simplemente no existían.

Los nombres genéricos que recibían venía dado por su especialidad, por el lugar donde realizaban las prácticas sexuales, o por la cantidad de dinero que podían llegar a cobrar.

Los burdeles romanos disponían de pequeñas habitaciones llamadas fornices (de ahí la etimología del verbo fonicar) donde las prostitutas prestaban sus servicios, el hallazgo especialmente en Pompeya, de pinturas que muestran sus nombres, especialidades y cualidades nos ofrecen información de las prácticas y las preferencias, de esta forma se sabe que los servicios más caros eran los de las felaciones, entre otras prácticas.

Los graffittis y marcas dejadas por los clientes también ayudan a entender mejor el procedimiento de contratación y los gustos más demandados. 

 

En conclusión, la doble moralidad romana de la que en tantas ocasiones hemos hablado se hace patente especialmente en la temática sexual, la lucha entre lo bueno y lo abusivo, la vertiente social y la privada, lo correcto lo incorrecto, es una fina linea delimitada por leyes de moralidad no escritas pero asumidas por los ciudadanos. El sexo es una aspecto más de su condición libre pero siempre enmarcado dentro de los límites de lo apropiado y lo obsceno.