Numancia (Soria)

Arco romano Medinaceli (Soria)

 

Introducción

El adjetivo numantino según la RAE es definido como aquél "Que resiste con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias". Mucha gente ignora el por qué, pero todo tiene que ver con la resistencia con la que la ciudad de Numancia se enfrentó a las legiones romanas. 

Imaginemos por un momento, una hispania dividida en diferentes tribus celtíberas organizadas por un sistema de control jerárquico, frente a él un opresor extranjero de gran potencial militar listo para conquistar, por simple sentido común entendemos que la situación era un cocktail explosivo para ambas facciones. Para los celtíberos por la supuesta superioridad militar del oponente, para los romanos porque estas tribus aunque minoritarias y separadas por clanes, disponían de una gran capacidad de resistencia y eran grandes conocedores del terreno.

 

Emplazamiento Numancia

El terreno

Analizando la vista aerea del emplazamiento de Numancia veremos que está situada en la parte alta del Cerro, en la actual población de Garray y rodeada del Duero y del Merdancho. Ello procuró a los celtíberos de la tribu de los arévacos, pastos y tierras de cultivo que abastecían a su población, asimismo su posición también permitía una visión panorámica de todos los movimientos enemigos.

 

 

A pesar de que la gran parte de las estructuras visibles actualmente son de la época de ocupación romana, se sabe que los celtíberos poseían una muralla de protección y un sistema urbanístico muy definido que permitía parar los vientos fríos que azotaban el poblado, de alguna manera la dura climatología en invierno también debió facilitar periodos de entreguerras. Todo ello debería ser suficiente para alejar a las tropas de legionarios romanos pero su posición privilegiada en lo alto del cerro, convirtió la población en una ratonera.

Pero primero....los antecedentes...

 

Los arévacos

En Hispania corrían las noticias de las ocupaciones romanas del territorio y del sometimiento de las tribus bajo duras condiciones tributarias. Aunque los arévacos hasta aquél momento habían evitado el enfrentamiento bélico con las tropas romanas, un hecho fortuíto enturbió su delicada paz.

Los habitantes de Segeda (tribu celtíbera del El Poyo de Mara en Zaragoza), habían sido sitiados por las legiones romanas, por lo que huyendo de su ciudad y en busca de la seguridad de sus vecinos se apresuraron a solicitar asilo a los numantinos.

Éstos aceptaron agruparlos a sus filas, pero el gesto fue visto en Roma como una incitación a la guerra por lo que la forzada paz mantenida hasta el momento estalló en mil pedazos. El 23 de Agosto del 153 a.C el general Romano Quinto Fulvio Nobilior con una guarnició de 30.000 hombres, se enfrentó cara a cara con las tropas numantinas y seguedenses que contaban con escasos 4000 soldados en sus filas, encabezadas por el general celtíbero Caro. 

Es muy posible que el general Quinto, denostara de alguna manera el potencial numantino, pero lo cierto es que el enfrentamiento acabó con 6000 romanos caídos en la batalla. Las tropas numantinas aunque vencedoras perdieron a Caro nombrando en su lugar a Ambon y Leucon.

A pesar de que Quinto recibió nuevas dotaciones, incluídos elefantes traídos de Africa, la victoria siempre se balanceaba favorable a los numantinos.

 

Tras él pasó Claudio Marcelo, que más dialogante y diplomático, firmó tratados de paz con los numantinos a cambio del pago de tributos en plata y grano, pero el Senado, dañado en su ego por las victorias de las tribus, ordenó a Marcelo a romper lo acordado e iniciar de nuevo un periodo de guerras.

Durante 20 años, generales asignados por el Senado romano intentaron con poca fortuna someter a los numantinos. Roma, dolida e indignada designó a uno de sus mejores generales, Publio Cornelio Escipión Emiliano, nieto de Escipión el Africano. Éste mucho más observador y mejor estratega sitió la ciudad, creando una muralla externa de piedra con fosos y empalizadas alrededor del cerro que acabó con el aprovisionamiento de la ciudad.

Durante 15 meses los numantinos aguantaron, pero el hambre y la enfermedad fue minando la moral de sus habitantes. Finalmente y sabiendo que no podrían alcanzar la victoria unos se rindieron y los demás, antes de caer en manos romanas, se suicidaron.

Escritores romanos como Tito Livio, Plinio, Apiano o Floro, destacaron las cualidades numantinas poniendo en evidencia sus propias carencias, alabaron la valentía y la capacidad de lucha de los arévacos, mostrando una cierta simpatía ante la envergadura de lo logrado y poniendo de manifiesto las debilidades de los generales romanos.

 

Los restos

 

En Numancia se conservan parte de los dos trazados ya que las construcciones romanas fueron sobrepuestas a las celtíberas. Bajo el monumento que en el s.XX se consagró en memoria de la resistencia numantina, se hallan los restos de las termas. 

En cuanto a los restos de las batallas, el perímetro del cerro está marcado, para que sea más fácil situar los lugares donde estaban apostadas las legiones.

En la zona sur del parque arqueológico se hallan los restos de villas de cierto nivel con patios porticados y decorados con columnas, que ofrecen información sobre la relevancia económica de la ciudad.

Paralelamente, los restos muestran aljibes de recolección de aguas y desagües de drenaje de las aguas de desecho del poblado. así como restos de las murallas de la ciudad y de pasos elevados para evitar los fangales producidos por los ríos y la lluvia.

El museo numantino acoge los restos de orfebrería y cerámica local que muestran magníficas piezas en metal y barro con elementos decorativos. 

 

Si vais a Soria no perdáis la oportunidad de visitar el enclave (está a sólo 8 Km de la ciudad), ya que su importancia no sólo reside en los restos sino en los ecos de resistencia por la libertad que fueron ampliamente conocidos en el imperio romano.