Egina: Templo de Afaya

Introducción

El Egeo parece estar salpicado de forma caprichosa por el pincel de los Dioses, y digo esto porque las centenares de islas e islotes que emergen como puntas de su histórico y épico mar, albergan tesoros naturales y en cierta forma místicos que no escaparon a la admiración de los griegos y que fueron usados como marcos de los edificios más hermosos que se pueden contemplar tanto en la antigüedad como en nuestros días.

Islas como Santorini, Delos, Samotracia o Egina entre muchas otras demuestran que las localizaciones de los templos erigidos en sus colinas no se debe tanto al azar sino a la sensación de que entre sus rocas volcánicas rodeadas del verde de los pinos o el azul del mar, se manifiesta aquéllo que es más propio de Dioses que de hombres.

Egina es una de esas grandes islas del Egeo pero estratégicamente situada entre la península del Peloponeso y la Península del Ática, habitada desde el Neolítico, su evolución estuvo ligada al comercio entre tribus, entre ellas la minoica sita en Creta. Posteriormente los aqueos y en el s.XI a.C los dorios llegados de Epidauro, colonizaron la isla garantizando un fluido comercio marítimo apoyado por su cercanía al Istmo de Corinto, por tanto podríamos decir que Egina flanqueaba estratégicamente el trasiego de mercancías.

Con el devenir de los siglos, Egina adquirió una importante relevancia en cuanto a flotas navales, convirtiéndose en la más importante por delante de Atenas. Desvinculada ya de Epidauro, en los s.V y VI a.C comenzará una época de confrontación con Atenas, en la que se posicionará en el lado tebano y posteriormente del espartano, posiblemente debido a intereses comerciales más que a políticos. Esta conclusión se extrae de la imposibilidad de garantizar el suministro de grano ya que las tierras eginetas no eran tan fértiles como las Áticas, la importación de esas materias quedó estancada debido a una ley Ateniense que prohibía el grueso de suministro. Estos serios enfrentamientos con su vecina Atenas por el control comercial y la supremacía naval, llevó al gobierno de Egina a inclinarse del bando espartano en las Guerras del Peloponeso, no obstante y a pesar de la relevancia de las tropas marítimas entre el 460 a.C y el 430 a.C sufrieron sendas derrotas que acabaron con la expulsión de la población egineta y su asilo definitivo en el Peloponeso.

Es a partir de este momento cuando Atenas controla la isla, ocupándola y estableciendo un sistema de gobierno fiel a las leyes de la polis Ática, un dominio que se perpetuó en el tiempo, aunque en algunos momentos peligrara ante incursiones espartanas. 

 

Origen etimológico de Egina

Su nombre deriva de la ninfa con el mismo nombre a la que Zeus engendró un hijo, Éaco. La isla adoptó su nombre ya que en la Mitología se establece como el lugar donde Zeus la llevó tras su rapto, territorio llamado previamente Enone.    

 

El templo de Afaya

Sobre lo alto de una colina, rodeado de una vegetación mediterranea frondosa y con unas magníficas vistas al mar, se alza majestuoso el templo de Afaya. Esta diosa era hija de Leto, al igual que Apolo y Artemisa, pero disponía de un grupo de seguidores mucho más reducido. A pesar de ello, Afaya (La invisible) simbolizaba el poder de la luz y se le atribuía la creación de las redes, símbolo necesario y básico para la población egineta. El mito relata como Afaya huye del rey Minos, que prendado de su belleza la persigue sin descanso, la diosa se arroja al mar en una huída desesperada hacia las costas de Egina, donde es rescatada por un pescador. Su aire virginal y decoroso apiada a Artemisa que le ofrece la inmortalidad y la hace desaparecer justo donde se haya el templo actualmente.

Esta Diosa es una reconversión de mitos minoicos que la relacionan con una Deidad femenina antiquísima dedicada al custodio de las cosechas, con el tiempo fue extendiéndose su culto y fue adoptanto diferentes variantes, estableciéndose un paralelismo con Atenea, de ahí el error que los arqueólogos tuvieron al afirmar que el templo se consagraba a ella. No fue hasta la localización de unos relieves cuando se demostró que el culto verdadero era a Afaya y no Atenea como se creía.

 

 

Un templo de las dimensiones y la relevancia de éste debe analizarse desde varios ámbitos, el primero es la importancia de Afaya dentro del culto Egineta, y por otro el despliegue de medios para una construcción de tal magnitud que de alguna forma nos habla de un reseñable nivel económico.

Frente a un gran altar para sacrificios se nos presenta el magnífico templo, de estilo dórico períptero, se compone de 6 columnas frontales y 12 laterales. Sus dimensiones son de casi 13 metros de ancho por más de 28 de largo, sostenidos por un estereobato con tres escalones. Preservado en un magnífico estado de conservación, mantiene en pie gran parte de la columnata, una pronaos da acceso a la cella donde se ubicaría la efigie de la Diosa criselefantina, esta gran sala no sería diáfana sino que estaría separada en varias naves con un intercolumnado de doble piso, apreciable en la imagen inferior.

 

Otros de los aspectos visibles del templo son los arquitrabes y las metopas que soportarían el techo del templo, no obstante el elemento arquitectónico más espectacular del templo no es lo que se puede contemplar en Egina sino lo que es aun visible en Munich, y son las esculturas que conformaban los frontones este y oeste.

En 1811 la localización de gran número de estatuas de mármol hicieron saltar las alarmas, confeccionadas en mármol representaban por su diposición escanas bélicas con la diosa Atenea al frente, ésta fue la razón por la que durante tanto tiempo se atribuyó a Atenea el custodio del templo y no a Afaya. 

Su importancia esencialmente reside en el estilo, situándose entre dos periodos el arcaico y el clásico, en este caso Atenea ya no se representa con la sonrisa de las korés arcaicas sino con elementos intermedios, más detalle, más movimiento, más expresión. 

Las estatuas que corresponderían al lado este sería un conjunto de 11, con una imagen central de la Diosa acompañada de Heracles combatiendo contra los troyanos, el lado Oeste de nuevo nos muestra a Atenea en el centro, con Áyax, Paris y Teúcro en el asedio a Troya. 

El detalle, el movimiento y la representación casi realista del escenario nos revela el punto de inflexión que marcará el estilo clásico.

 

Conclusión

La Templo de Afaya deja sin aliento al espectador, contemplar el entorno y adaptarlo a lo que debió ser hace enmudecer al más osado, es un ejemplo de amor a los Dioses y de sentido de belleza llevado al extremo. Armonía en los materiales y en las formas, una ejecución perfecta al más puro estilo de Fidias, una lucha del hombre por alcanzar el ideario divino. Egina, la isla que separa las penínsulas helenas, se convierte en la x marcada en el mapa del tesoro.

 

Septiembre 2015