Caduceo

 

Introducción

Las culturas antiguas están repletas de símbolos que permiten a primera vista relacionarlo con una idea, un Dios o una característica o propiedad determinada. Este hecho es relevante, pues el símbolo produce un efecto de pertenencia colectiva pero también establece un orden o una clasificación, por otro lado permite asimilar conceptos de forma rápida. Es el caso por ejemplo de los estandartes romanos, en ellos podemos localizar diferentes símbolos como el águila, el lobo, el oso, etc... y la propia iconografía permite ubicarte o relacionarte con cada uno de ellos según fuera tu clasificación dentro de cada manípulo, pero esto que es tan evidente para nosotros se extendió en otros ámbitos para posteriormente ir mutando y seguir usándolo a día de hoy. Es el caso de las fasces romanas o de los Caduceos de los que hablaré a continuación.
 

el mito

Hay cierta confusión entre el Caduceo y la Vara de Esculapio, el caduceo tiene un simbolismo diferente y está relacionado intrínsecamente con la figura de Hermes (el Mercurio romano). Hermes era un dios muy particular y estimado, pero tenía un carácter cuanto menos, singular. Aunque se le conoce principalmente como mensajero de los Dioses y por ello porta dos alas en sus sandalias, Hermes era un gran orador y un timador profesional, es esa dualidad la que le permite interactuar como mediador entre Dioses y hombres (regala el fuego a los mortales), y su astucia está relacionada con sus capacidades innatas para establecer lazos entre los mundos de los vivos y los muertos. Era el dios protector del comercio, pero también el de los ladrones y se le relaciona con la protección fronteriza, seguramente debida a esa característica de sortear mundos diversos.
 
 
Hay muchas historias que protagoniza Hermes, pero la que nos atañe en este caso es la que hace relación con el símbolo. Cuenta el mito que Hermes decidió robar 50 bueyes pertenecientes a los Dioses y que estaban al cuidado de Apolo, los condujo de manera inversa, andando hacia atrás para borrar toda huella de su paso, posteriormente los metió en una cueva para que a Apolo le fuera imposible localizarlos. No obstante, Apolo poseía el don de la adivinación por lo que no tardó en hallarlos. Descubierto el engaño Hermes quiso complacer a Apolo regalándole su última invención, La Lira, a cambio Apolo le regaló el cayado de oro con el que conducía el rebaño de los Dioses, posteriormente al cayado de Hermes se le agregaron la figura de dos serpientes enrolladas por las que él intercedió en una pelea de ambas. De hecho el la gran mayoría de sus efigies se le representa con este elemento simbólico que lo hace fácilmente reconocible.

 

 
El caduceo fue cambiando de apariencia con el paso del tiempo, en los orígenes más arcaicos se trata de una doble vara de olivo más larga y simple decorada con cintas y que posteriormente se modificó supliendo las cintas por serpientes enroscadas y coronadas con dos alas.
No obstante erróneamente la gente confunde este símbolo con el de la vara de Esculapio, pues ambas se apoyan en dos elementos comunes: la vara y la serpiente, pero con significados totalmente diferentes, mientras el bastón de Esculapio tiene propiedades terapéuticas, el caduceo de Hermes es una representación de su condición protectora del comercio, de la prudencia y de la intercesión pacífica.
 
A día de hoy se sigue usando este símbolo en representación gráfica de Instituciones comerciales y en Centros educativos mercantiles o del ámbito meramente económico, perpetuando una tradición que a mucha gente le es ajena por desconocimiento pero que sigue proyectando en la actualidad.
 
 
Mireia Gallego
Mayo 2020

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