Pasos de peatones

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Introducción

La erupción del Vesubio no sólo nos dio la posibilidad de ver el imperio romano de cerca, casi como se hubiera parado el tiempo para siempre, sino que nos permitió contemplar in situ gran parte de la vida cotidiana de sus ciudadanos y eso sin duda es uno de los aspectos más importantes de la arqueología de esta época, los clásicos nos informaban a través de sus escritos los aspectos políticos y sociales pero una cosa es saberlo por un autor más o menos objetivo y otra muy diferente es constatar físicamente aquello que habías leído. Pompeya, Herculano y las ciudades colindantes mostraron en bandeja de plata la vida y muerte de su gente, sus miserias y aciertos pero también permitió el estudio en campos muy diferentes que unido al de otros especialistas confeccionaron un mapa social de valor incalculable. Hoy hablaré sobre los pasos de peatones de Pompeya y os daréis cuenta de la cantidad de información que se extrae del estudio de su pavimentación.
 
Cuando llegas a Pompeya la gente acostumbra a mirar hacia las villas, las termas, la riqueza de los muros, los mosaicos, el foro, el anfiteatro y como no el lupanar, pero pocos o menos se fijan aquello que pisan. Los romanos eran unos expertos ingenieros y la practicidad de sus construcciones determina su habilidad para sociabilizar los elementos más insignificantes.
Pompeya no fue una ciudad enorme comparable con Roma, de hecho en pleno apogeo la ciudad eterna contó con una población cercana o superior al millón de habitantes, mientras que Pompeya era más una población residencial de veraneo. Eso no quiere decir que no vivieran allí, por supuesto que sí, de hecho hay grafitis sobre las votaciones para el cargo de edil, pero no era tan ciclópea como Roma ni por asomo, ahora bien, Pompeya precisaba de la regulación en la edificación privada pero también en las infraestructuras públicas, podemos contemplar las fuentes que servían para abastecer de agua a sus habitantes, los desagües de aguas grises, depósitos de desechos orgánicos que han permitido conocer su dieta.... en fin un sinfín de curiosidades, pero también nos informa sobre la disposición de sus calles y carreteras. 
 
Las ciudades romanas eran un caos de ruido y trasiego, si ahora tuviéramos una máquina del tiempo, nos asquearíamos de sus olores, de su bullicio y es más que posible que de su escasez de limpieza, pensad que la basura, los orines y los restos de las mercancías no consumidas en los mercados o tiendas se tiraban en ocasiones a la vía pública, esperando que la lluvia los arrastrara o higienizara la calle, por ello los romanos idearon unas plataformas para permitir el paso de una acera a la otra y con ello evitar mojarse con el lodo, el agua y los residuos abandonados de los pompeyanos, es decir, crearon los pasos de peatones.
 
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En Pompeya se han hallado vías con franjas de tres o cuatro piedras, calles de dos, y calles con una única piedra central, todo dependía de la anchura de la calzada, y también es cierto que en otras vías menos accesibles no existen estos pasos alzados. Cada determinado número de metros se alzaban estos peldaños permitiendo cambiar de acera asiduamente, pero lo que sí estaba bien delimitada eran las distancias entre unas losas y otras, y eso tiene una explicación lógica.
 
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Como pasa en la actualidad hay unas vías principales de acceso a cualquier ciudad, que son las más transitadas, en esa época los carros de mercancías tirados por reses, las literas de los adinerados y las basternas ocupaban la calzada en una procesión digna de la AP-7, pero lo que se debía unificar era la distancia entre las ruedas para permitir que cualquier medio de locomoción cupiera entre los espacios de los pasos de peatones, ya que si eso no era posible el tapón generado sería descomunal, una de las curiosidades a ver en Pompeya es la contemplación de las marcas dejadas por las ruedas tras años de uso y que además sirven para informarnos sobre cómo y por dónde conducían los romanos.
 
 
Los estudios viales, determinaron que los romanos de todas las ciudades acostumbraban a circular por la derecha, asimismo, alzaron las aceras para proteger a los peatones de los inestables carros y se hallaron vías en las que no había circulación. Otra de las particularidades es que existía regularización horaria en ciudades como Roma, siendo obligado el trasiego de mercancías por la noche y hasta la madrugada pero prohibida durante las horas del día, lo que quiere decir que pillar el sueño en esa época debía ser un ejercicio de paciencia, teniendo en cuenta el estruendo de cientos de carretas haciendo chocar sus ruedas con el pavimento de piedra, si podías dormir eras un afortunado. 
 
 
Otra curiosidad romana son las pequeñas teselas blancas colocadas entre las secciones del pavimento, como podéis ver en la siguiente imagen. No se trata ni mucho menos de una licencia artística del ingeniero sino de una capacidad para solucionar problemas básicos, esas pequeñas piedras blanquecinas relucían bajo la luz de las lucernas o de las antorchas durante la noche proporcionando algo más de visibilidad a los conductores de los carros, informando sobre donde continuaba la vía, vamos...como nuestra pintura reflectante.
 
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Y si os hacéis la pregunta de si los romanos tenían señales de tráfico pues sí, tenían un sistema de prohibición de acceso, miliarios que marcaban las distancias, y placas identificativas de calles y vías, lo mejor es que en los cruces de caminos cuando se quería reducir la velocidad para evitar accidentes se colocaba una estatua del Dios Mercurio con la mano alzada, pensad que los accidentes eran muy usuales y que como ahora se intentaba reducir en diversos tramos más concurridos la velocidad.
 
Como veis, la originalidad actual sólo viene dada por las nuevas tecnologías, lo demás está prácticamente todo inventado. 
 
Mireia Gallego
Septiembre 2020
 
 

 

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