El centro comercial de la antigüedad Romana

 
Vista aérea del Foro Trajano en la Vía de los Foros Imperiales, Roma

 

Introducción

Durante los más de 20 años que llevo estudiando, con mayor o menor acierto, la antigüedad clásica, nunca he dejado de sorprenderme con cada tema que desarrollo, indiferentemente de si procede de una temática más de componente arqueológico, político, social o militar, el abordaje objetivo de cada aspecto, especialmente romano, no deja de causarme una extraña sensación de que en algún momento de la historia de Occidente dejamos de evolucionar al ritmo que se había mantenido hasta entonces. Es sobrecogedor en algunos momentos la forma en que el imperio romano llegó a crecer en el ámbito de las infraestructuras sociales y de uso cotidiano, y aunque si bien otras grandes civilizaciones fueron los artífices de colosales construcciones mortuorias o sacras, el romano fue mucho más pragmático y dotó a la población de grandes arquitecturas realizadas al servicio de sus necesidades, bien por un afán de notoriedad y publicidad imperial o por auténtico sentido de estado.

 

 

Ubiquémonos, Roma, s.II bajo el mandato del emperador Trajano, éste siendo uno de los más estimados por su austeridad y una exitosa carrera militar, permitió que se llenaran las maltrechas arcas del estado a través de las cargas impositivas a los nuevos territorios conquistados. La reorganización del senado y la aplicación de medidas administrativas de fomento de la natalidad y de recuperación de la deuda, procuró que la economía durante su imperio sufriera un notable crecimiento. Hasta el momento, sus antecesores en el cargo habían puesto a disposición de los ciudadanos los foros que portaban sus nombres, Augusto, César, Nerva...y Trajano en un alarde de sentido práctico y de perptuación de dicha costumbre inició la construcción de varios edificios públicos que proclamaran su grandeza y su generosidad.

El Foro de Trajano fue encargado a una de las máximas autoridades en arquitectura, Apolodoro de Damasco, quién diseñó un plano espectacular de edificios que requerían el rebaje incluso de dos de las colinas romanas, el Quirinal y la Capitolina. 

La enorme planicie, sirvió para albergar dos plazas porticadas, una basílica, la Columna que aun hoy puede contemplarse, un Templo, dos bibliotecas y como no, el famoso Mercado de Trajano.

Bien bien, no es un mercado, es un pedazo de Centro comercial gigante, más parecido a nuestra compra centralizada actual que a los mercados tradicionales de mercancías. En realidad, la idea, era crear un espacio perpetuo y unificado, donde tanto artesanos, como mercaderes, pudieran ofrecer y vender sus productos, adquiriendo los espacios que estaban repartidos en los tres primeros pisos, sí, habéis leído bien, los tres primeros, porque el mercado de Trajano disponía de 6 plantas y llegó a albergar más de 150 tiendas. Los últimos tres pisos, fueron destinados a despachos administrativos donde se realizaban trasacciones comerciales o reuniones sectoriales, incluso podían ser alquilados como gabinetes de trabajo, es decir un auténtico centro neurálgico del tráfico y compraventa de mercancías traídas de todo el imperio.

Diseñado en un semicírculo perfecto, Apolodoro aportó elementos realmente majestuosos en su decoración, esculturas de mármol, y pilastras del mismo material realzaban el conjunto y lo armonizaban con el resto del Foro, los pisos superiores disponían de pasillos donde los clientes podían pararse a contemplar las mercancías y de grandes ventanales que permitían obtener una panorámica única incluso del Foro Romano.

Dos escaleras a los extremos permitían el acceso al resto de pisos y la vía que puede contemplarse en la siguiente imagen.

Tras esa primera construcción enladrillada de tres pisos de altura, una calzada empedrada permitía acceder a los edificios destinados a la administración comercial, ajustando el desnivel con escalones y procurando la armonía del conjunto y permitiendo hacer una diferenciación entre ambos usos.

 

La imagen superior e inferior muestran las dos visualizaciones de las tiendas y comercios interiores, intentad encontrar diferencias con los actuales si podéis y permitiros el sano ejercicio de imaginar a romanos paseando entre sus muros.

El Mercado de Trajano continuó con su uso con el paso de los siglos y sufrió modificaciones posteriores que aun son visibles en la actualidad, aun así el gran centro comercial supuso un avance exponencial en cuanto a las relaciones comerciales y no es difícil pensar la gran cantidad de transacciones importantes que tuvieron lugar en sus espacios.

Actualmente se ha llegado a la conclusión que existía una sala donde se dirigía todo el complejo con un representante encargado de la titánica administración de los más de 150 locales comerciales.

Apolodo utilizó materiales sencillos pero el diseño fue innovador y seguramente causaría una cierta sensación de magnificiencia del poder de Roma, también es más que posible que al trasladar estos comercios a un punto central, descongestionara las calles adyacentes de las lonas y mostradores de tenderos que sin duda ofrecían un aspecto más compacto y desorganizado. Otro de los supuestos beneficios que hay que sumarles es el trasiego de las mercancías por las vías, la centralización permitía que los carros dispusieran de un mayor espacio y lugares de almacenamiento, descongestionando el tráfico en las calles secundarias. 

Los romanos, muy hábiles en la propaganda imperial, permitieron que el acceso al mercado requiriera de una entrada de ensalzamiento a Trajano a través de una puerta majestuosa ubicada junto al foro de Augusto, es decir antes de las compras demos un paseo por basílicas, bibliotecas, plazas porticadas, que recuerde al visitante quién otorgó tal generosidad, es francamente una máquina de marketing soberbia que nos hace reflexionar sobre la importancia que para el mundo romano tuvo la publicidad, nada oculta por cierto.

 

 

No se escatiman gastos, no se construye sin propósito, no hay rebajas en cuanto a la gloria del emperador, porque a diferencia de la actualidad, el primer hombre de Roma ofrecía a los suyos los regalos que fueran necesarios para garantizar su estima y respeto, no siendo votados, los emperadores debían ganarse la aceptación popular y con ella la presión que la plebe ejercía sobre los otros estamentos políticos y sociales.

De Nerón se recuerda su egocentrismo a través de la ostentación de la Domus Aurea, unas instalaciones de lujo para su uso particular, de los emperadores con espacios en el foro se les recuerda por su interés en invertir en el beneplácito ciudadano, cuán honesto, cuán generoso nuestro emperador!

 

Trajano embelleció y siguiendo su carácter ferreo y práctico reflejó su propia personalidad en este espacio. La columna Trajana es ejemplo de ese ensalzamiento a la victoria, con posiblemente uno de los monumentos más delicadamente expectaculares de los que gozó la ciudad, el mercado fue un regalo a su gente, una estructura robusta, duradera e imperecedera a símil con su propio reinado. Trajano fue recordado por muchas cualidades, pero si el emperador hispano destacó es por su capacidad de organización casi militar y una gran habilidad de delegar los asuntos a los profesionales que él creyó mayormente cualificados.

El mercado de Trajano sigue en uso, lo visitan millones de personas, lo juzgan tantas otras y no deja indiferente a nadie, desdice a quienes hablan de la modernidad de los siglos XVII en adelante y deja sin aliento a los arquitectos actuales. El mercado ve pasar el tiempo con una dignidad que le eleva a lo más alto de la construcción civil romana y engrandece aun más o al menos es equiparable al imperio del emperador itálico. 

 

Mireia Gallego 

Noviembre 2017

 

 

 

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