Sobre el policromado de estatuas y templos

Introducción

Es divertido en cierta forma ver la cara de la gente cuando, contemplando una estatua o templo clásico y con el impacto y admiración en los detalles cincelados en mármol, les susurras al oido....¿Bonito eh? Pues era de colores...
Existe una falsa percepción de que helenos y romanos sentían pasión por el blanco, ese blanco cegador y fácilmente reconocible en templos y estatuas que moran nuestros museos y yacimientos, pero lo cierto es que es un error común que se ha constituído como una verdad absoluta, digamos pues que tenían un puntito "kitsch" a nivel estético pero siendo justamente benevolentes, sus habilidades constructivas y artísticas nadie puede ni debe negarlas.
 
La Lógica nos habla de colores intensos
Sentido común...a lo largo del recorrido artístico del ser humano, se reconoce fácilmente la incorporación de colores a través de pigmentos naturales, eso es debido a que la perfección en el detalle se incrementa si se dota de color a los elementos que ilustramos, estos permiten diferenciar, potenciar y precisar aspectos que sería mucho más complejo si jugamos únicamente con sombras y luces. Desde la prehistoria hasta nuestros días y mucho más cuando hablamos de las grandes civilizaciones, se observa como el uso de la gama cromática es un recurso utilizado desde los inicios, en lo téxtil, en la joyería o en el arte. Pongamos ejemplos, Egipto, a pesar de su gusto por el tallaje y pulimento de la piedra natural, fueron grances usuarios de determinados colores que se incoporaron en el decorado de tumbas o en el de templos. 
 
Y era lógico, porque si debes decorar la tumba del faraón para su tránsito al mas allá con una cúpula representando el cielo estrellado es más sencillo hacerlo resaltar con las figuras policromadas de dioses y elementos cotidianos. Los rojos, verdes, amarillos y azules pasan a engrosar los 4 colores principales que permiten dotar de vida cualquier figura o elemento y esos tonos, fácilmente hallados en la naturaleza son los que formarán parte de todo el arte conocido a lo largo del planeta, en cualquier civilización y en cualquier continente. 
Bien, nuestros padres helenos, no fueron ajenos a la tendencia, por lo tanto, ¿Qué nos hace pensar que los templos y estatuas debían ser de un blanco inmaculado? La época arcaica del arte griego se caracterizaba por el escaso o nulo movimiento o expresión figurativa, los Kuros y Korés, figuras de hombres y mujeres inexpresivos se acolpaban en los templos helenos, pero teniendo en cuenta que no se remarca el detalle en la escultura, debían pintar los detalles más importantes: cejas, ojos, boca, cabello y ropa para causar una mayor impresión y efecto. Así mientras el negro servía para contornear, los rojos, verdes y ocres permitían colorear la ropa, el pelo o los labios, incluyendo dibujos de animales u objetos a modo de decoración. Para añadir una diferenciación más estereotipada, la piel masculna adquiría un color tostado mientras que la de las Korés, eran blancas, ello permitía diferenciar el sexo desde diferentes distancias.
 
 
¿Y los templos? Pues exactamente igual, los templos griegos no podían ser blancos por muchas razones, primera, el efecto de la luz solar sobre el mármol blanco crea un reflejo brillante que no permite admirar el detalle y puede hasta deslumbrar en la lejanía, segundo, los frisos o metopas que decoran el contorno, son escenificaciones que deben quedar muy remarcadas, ya que en columnas de varios metros de altura deben sobresalir del fondo, mucho más oscuro, y debe ser apreciable la temática desde abajo, incluso eso debe permitir identificar si las figuras son de Dioses u hombres (Los Dioses muchas veces se representan sentados y algunos presentan orificios donde se colocaban coronas metálicas de metales nobles). Veamos las imágenes para equiparar:
 
 
 
 
 
Ahora, empezáis a poner color a aquello que no tenía y todo coge una perspectiva diferente, ¿verdad? Bien, con el paso de los siglos y con la influencia helena en el imperio romano, tras una imponente corriente artística que se dio en la época clásica, con matices de realismo y movimiento espectaculares, los romanos se empaparon de sus vecinos orientales y absorvieron lo que pudieron de su talento y como no, de su técnica. Y así en Roma, el viajero actualmente visita los museos y monumentos con la idea de vislumbrar su arte blanco sin pensar que en origen distaría mucho de lo que ve, pongamos un ejemplo con el Ara Pacis de Augusto:
 
 
 

Es que acaso no nos deleitamos en Pompeya con los intensos colores de las villas? Con el encanto recargado y único de los muros decorativos de interiores y exteriores? Efectivamente, ávido lector, en la antigüedad el blanco es un tono más identificativo que un recurso artístico, es decir una representación de lo divino, de lo puro, de lo formal, no tanto un color como un símbolo en sí. Ni en sus elementos más cotidianos, romanos ni griegos sucumbieron al blanco, sus kráteras, sus jarras, sus recipientes presentaban variados y llamativos colores, quizás por un motivo más práctico que estético.

 

Con las innovadoras técnicas actuales ha sido mucho más fácil identificar esos colores diluídos por la acción del tiempo y cada vez más podemos apreciar los detalles cromáticos que han permanecido ocultos durante siglos, pudiendo hacer una radiografia pormenorizada del arte grecorromano y que nos lleva a imaginar una sociedad mucho menos luminosa y mucho más viva y real, más integrada en su entorno.
 

Esos ojos que ahora permanecen vacíos un día albergaron vida y expresión, sus pieles gozaron de un color cálido y sus rizos adquirían tonalidades que les daban movimiento, porque lejos de lo que siempre hemos pensado el arte grecorromano debía ser lo más parecido, aunque idealizados, a quiénes eran o representaban, incluso en sus fallecidos el color predominaba sobre el lúgubre color del luto.

Conclusión

Mucho nos queda por recorrer, mucho por descubrir, por entender. La antigüedad se nos presenta variada, colorida, hermosamente revitalizada, con enigmas a los que dar respuesta. Roma es púrpura, Grecia el azul de su mar, quizás sea conveniente dar color a aquello que ha quedado tristemente estigmatizado. 

Mireia Gallego

Octubre 2018

 

 

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