Sobre el simbolismo de Jano

©Trustees of the British Museum

Introducción

Roma está hecha de leyendas, de mitos, de heroicidades...Nos fascinan sus hitos en la ingeniería civil, su avanzado estado social, su vasta e intrigante historia pero cuando uno escarba en lo más profundo de la debilidad humana, topa con lo más esencial: el misticismo, el miedo, la piedad, el fanatismo...Todas estas cuestiones sin duda también formaron parte de su ADN y de alguna forma ayudaron a forjar el imperio en el que se convirtió y perpetuó durante siglos. 

La diferencia sustancial en la religión romana es que los dioses paganos mostraban comportamientos muy humanos, eran poderosos en sus habilidades y vulnerables en sus debilidades, así fácilmente, hombres y mujeres podían establecer un nexo de unión con ellos, pues existía una  personalidad para cada uno, incluso para cada momento de la vida. Todo el mundo en mayor y menor medida conocen a Júpiter, a Minerva, a Venus, pero existe una amalgama de dioses romanos que son más lo que simbolizan que lo que viven en sus mitos, esos dioses acostumbran a ser pilares fundamentales de las religiones otrora etruscas o helenas por ejemplo y que se muestran como punto de partida para todo lo demás, son dioses esenciales: Saturno, Gea, Selene y de alguna forma también Jano.

 

©Trustees of the British Museum
 

 

Jano era una entidad divina con varios orígenes diferentes, algunos lo sitúan como primogénito de la hija de rey de Atenas y Apolo mientras que la tradición más extendida por su carácter místico es que fuera hijo de Urano y Hécate o lo que es lo mismo el cielo y la tierra, de ahí que su iconografía estuviera unida a la dualidad, al principio y al fin, al pasado y al futuro, una doble cara (a veces 4) que resguardaba los caminos opuestos. 

Según el mito Jano viaja a Italia ocupando una colina que recibirá el nombre de Janícula en su honor y donde acogerá al desterrado dios Saturno. El hecho de que en el pasaje, Jano sirva como anfitrión al dios del tiempo le permite asegurarse como agradecimiento, el don de la premonición, pues será capaz de visionar pasado y futuro. La tradición relaciona a Jano con la ninfa Camese con la que engedrará a Tiberino (personificación que da nombre al río Tíber) y de su relación con Giuturna nacerá Fonte, dios romano de las fuentes. 

La ubicación de Jano, su descendencia y sus prodigios están íntimamente relacionados con los ciclos del agua, con la purificación, el renacimiento y las estaciones. 

Janícula en Roma (ahora en el barrio de Trastévere)

Jano por tanto está íntimamente relacionado con las primitivas tribus que ocupaban las colinas romanas, aunque aparentemente se origina con perfil humano con el devenir del tiempo pasa a ser considerado Dios, de ahí a que en la mitología romana se le relacione con un pasaje de confrontación con la tribu sabina en la que Jano hace brotar agua hirviendo para alejarlos entre el pánico colectivo de los asaltantes, de nuevo si nos fijamos el agua sirve como elemento.

Según parece son los reyes de Roma los que consagran la deificación y culto a Jano y con ello sus atribuciones místicas.

 

Y efectivamente se instauró su festividad, festividad que aun celebramos hoy y que simboliza el fin y el renacer de un nuevo año. El mes recibió su nombre, "Ianuarius" (Enero, January, Janvier) y cada día uno de su mes se obsequiaba a amigos y familiares con monedas doradas con su efigie de dos frentes para un buen augurio y con felicitaciones escritas, algunas de las cuales han podido ser halladas entre las tablillas de Vindolanda.

 

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Jano no sólamente se instituyó como deidad de los comienzos y finales sino que su pasaje con los sabinos le aseguró un lugar destacado en la protección durante épocas de guerra, siendo tradición que las puertas de su templo se mantuvieran abiertas durante las contiendas para acogerse a su protección y favor, cerrándose en periodos de paz.

©Trustees of the British Museum

 

Sus efigies duales coparon puertas, ventanas, puentes, caminos o fuentes, con ella los romanos no sólo ofrecían culto al dios sino que se aseguraban su protección ante los malos augurios, casi como las divinidades ctónicas que también ocuparon un lugar prominente en los lugares de entrada y salida.

La personificación ambivalente de este dios no sólo se estableció en la religión romana, de hecho casi la gran mayoría de religiones antiguas disponen de una entidad divina con las mismas características de Jano y que os muestro a continuación como ejemplo en varias imágenes de culturas muy dispares.

 

©Trustees of the British Museum - Figura Moai Isla de Pascua
 

 

 
©Trustees of the British Museum - Figura bifronte Oceania
              
©Trustees of the British Museum - Figura cuatro caras Precolombina
 
©Trustees of the British Museum

El calendario organizado según los ciclos solares establecidos por Julio César y que dividió los meses en 12 permitió que hasta el día de hoy se perpetue una tradición ancestral, la celebración de los solsticios, la ambivalencia de todo cuanto nos rodea, el equilibrio entre el caos y el órden, la muerte y resurrección natural en ciclos eternos, esa es la esencia de Jano. Feliz año Nuevo...

 

Diciembre 2017

 

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