Utensilios de cocina

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Introducción

Después de muchos años estudiando la historia de Grecia y Roma me sigo emocionando con los elementos más cotidianos de sus vidas.  En la red somos miles los investigadores  dedicados a analizar o desgranar cada faceta de su historia, incluso existen ciertas especializaciones, bien sea el análisis de sus estrategias militares, el estudio de su política imperial o republicana o los restos que perduran en la actualidad, en fin...a decenas,  pero a pesar que yo incluyo muchos de esos aspectos tras más de dos décadas en web, sigo apasionándome con lo más sencillo de sus vidas, lo que en ocasiones pasa inadvertido pero que en cambio representa para mí, la constatación de que existieron, vivieron, sufrieron y amaron como nosotros. Lo más elemental de su cotidianeidad es lo que les humaniza, lo que les acerca y es por ello que sigo incoporando artículos dedicados a sus objetos, algo que de alguna forma lleva implícito sus gustos, sus necesidades o su poder adquisitivo. Esta vez nos acercaremos a los objetos que forman parte de la cocina romana, no en tanto a su alimentación como a las herramientas que usaban para ello.

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Diferenciaciones según estatus

Es normal establecer diferenciaciones entre los elementos que distinguen una mesa romana patricia de una que pertenezca a la plebeya, entre otras cosas porque los romanos tenían una especial fijación en que se viera públicamente su nivel adquisitivo y por lo tanto todo aquello que estaba a la vista pública era de especial importancia que destacase, así como los elementos que se usaban para la cocina no eran tan diferentes, los que se utilizaban para servir sí que lo eran y mucho. 

Es necesario poner de manifiesto que los romanos disponían de cocinas rudimentarias; en el caso de los habitantes de una simple ínsula su cocina era una estufa de mampostería, con una superficie lisa (de losas o tejas) sobre la que colocaba carbón o madera, se colocaba un trípode de hierro sobre las ascuas y sobre este las ollas o sartenes, en muchos casos no se han conservado este tipo de cocinas porque no todo el mundo disponía de una cocina de obra, la mayoría de veces un hornillo de hierro suplía cualquier necesidad para cocinar y además servía para ahorrar espacio en cubículos de entrada muy reducidos. 

En el caso de los patricios o nobles, sus villas disponían de cocinas mal ventiladas y poco estéticas, hechas de ladrillo o mampostería con una abertura inferior para guardar la madera o el carbón y varios trípodes metálicos que se colocaban en la superficie, de hecho son muy parecidas a las que se tenían en las casas de nuestros bisabuelos, cumplían su función y eran muy prácticas, pensad que era necesario proporcionar alimento a esclavos y dómines pero también a los invitados que pudieran llegar así que es normal ver más de una obertura para tales fines. 

En la imagen que encontraréis a continuación hallaréis sartenes y utensilios para cocinar de los yacimientos de Pompeya y Herculano, fijaros en el detalle en pico para que los jugos cayeran correctamente y los diferentes tamaños según necesidades, ¿creéis que son diferentes a las que usamos actualmente? En absoluto...

 
Ya sabemos dónde cocinaban, intentad imaginaros el espacio, los romanos colgaban las sartenes y los utensilios con ganchos en la pared, y disponían , los más acaudalados, de despensas de productos en salazón o en conserva, necesario para que los alimentos no enmohezcan ni se echen a perder antes de tiempo. Hierbas y especias colgaban del espacio, cestos de mimbre y montones de dolias (vasijas de barro) se apoyaban sobre las paredes con productos como aceite , garum, o vino. 
Como las cocinas estaban en lugares no visibles de la casa en ocasiones la comida se enfriaba demasiado por la distancia que debían recorrer los sirvientes, así que disponían de hornillos portátiles "Clibanius" que mantenían la comida en una temperatura adecuada. Normalmente cocinaban los esclavos pero se sabe que en ocasiones se contrataban en el Foro a cocineros que ofrecían sus servicios e incluso portaban sus propias herramientas de trabajo, es decir de alguna manera se profesionalizaron como lo entenderíamos ahora.
 

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Los romanos disponían de bandejas para servir como las nuestras, platos, bols, cucharas para caldos y legumbres, o cucharillas de postre, no obstante los cuchillos normalmente estaban reservados para los cocineros o los sirvientes ya que los romanos comían con las manos por una cuestión práctica, imaginaros que tenéis que cortar una perdiz con cuchillo estirados sobre un triclinio, ¿poco práctico verdad? Es decir, la comida venía en trozos que podían fácilmente ser cogidos con los dedos, únicamente colocaban la comida en un plato y posteriormente los esclavos les traían boles con agua y ropa para aseárselas y secárselas. Es por ello que tenedores como los que tenemos ahora no existían eran más bien un especie de herramienta que les servía para trinchar y que actualmente seguimos teniendo en nuestras cocinas, cuando hay que cortar pollo o pavo en rodajas o trozos pequeños.

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Navajas como las de la imagen superior estaban reservadas para llevarlas consigo, de esta forma si se debía hacer una parada en el camino era fácil cortar el pan y queso por ejemplo, algunas de ellas serían las equivalentes a las actuales navajas suizas con cucharas y herramientas diversas.

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Como podéis comprobar en la siguiente imagen existian morteros como los nuestros para realizar salsas o prensar alimentos e igualmente estaban confeccionados en diferentes materiales como mármol o piedra, metal y madera.

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La  gente corriente disponía de unos cuantos cubiertos de madera o de metal pero es en las clases aristocráticas o en las de los equites dónde se han hallado piezas increibles trabajadas con esquisitez, tan importante era lo que se comía como dónde se comía, cucharas para degustar que ahora nos parecen tan modernas ya se usaban antiguamente, las hueveras es otro de los elementos que también se ha hallado en las excavaciones especialmente en Pompeya y Herculano.

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Las salseras o las aceiteras son muy parecidas a las que utilizamos hoy y casi podemos decir que recuerdan mucho a las que nuestros abuelos o padres tenian en la cocina y es más que probable que realizadas con materiales muy parecidos. 

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En la siguiente imagen es fácil identificar las diferencias entre los elementos de cocina según estatus social, mucho más modestos, estos cuencos permiten establecer unas diferencias substanciales para que quedara patente de forma pública quién era quién en la sociedad romana.

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El nivel de profesionalización fue tan evidente que se han podido localizar auténticas joyas en el menaje como es el caso de la Copa de Licurgo y que presenta como particularidad el cambio de color (vidrio dicroico) que se produce dependiendo de la dirección del foco de luz, si la luz incide frontalmente el color de la copa es de un tono verdoso más opaco, mientras que si la luz incide en la zona trasera se convierte en rojo rubí. Es más que probable que el mismo efecto se produzca al incluir líquido dentro de ella, motivo por el que debía resultar impactante en la época e incluso con posterioridad. Estas copas es más que posible que no fueran de un uso cotidiano y que tuviera más un componente místico, para determinados ritos o incluso para determinadas festividades, el uso de partículas de plata y oro en porcentajes más pequeños que una milésima parte de un grano de sal, nos da una referencia sobre su especialización  y capacidad tecnológica.

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Siempre que tengáis la oportunidad de visitar un museo arqueológico no os olvidéis de disfrutar de los pequeños elementos cotidianos, es en estos objetos que muchas veces pasan desapercibidos, donde hallaréis la información más personal del mundo romano, la cotidaneidad establece una relación más cercana a su propietario pues son en esos elementos donde se observan más fácilmente sus gustos, su forma de vida, aquello que les hace humanos.

Mireia Gallego

Febrero 2020

 

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